lunes, 18 de abril de 2011

“Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo”



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
La mujer quizás sea el ser que más capacidad tiene para ofrecer variantes de compañía. Las múltiples formas que domina para hacerse necesaria son difíciles de lograr en otro rango de humanidad. Y más allá del traslado de complejos y debilidades que podamos hacer cuando esa necesidad es de una sed insoportable, también hay modos de representación que no requieren el cuerpo, disimulan distancias e ignoran idiomas. Uno de esos casos es Wislawa Szymborska. Claro que al pronunciar ese nombre, viene con él su poesía.
¿Por qué nombrar a la poeta y no a su obra como necesaria? Precisamente porque al leerla se lee su rostro y al mirar una fotografía suya se ve su poesía en los dulces surcos de la cara.
Nació en Polonia en 1923. Con esa feminidad que destacamos, atravesó esa porción del siglo, en esa porción de la Tierra. Cuando faltaban cuatro años para comienzo de este milenio disparado como un torpedo, en 1996, ganó el Premio Nobel de Literatura. Y llega a nuestros días para todavía ofrecer sus pasos sobre la Tierra, en la que deja como semillas de eternidad sus versos naturales.
Wislawa, con las características que mencionamos al principio, es una mujer que no necesita presentarse más que con dos versos. Y con el tercero ya sostener nuestra atención para leerla con la concentración que requiere un sombrero para ser sostenido mientras arrecia el viento. Ya en el tercer verso, o al segundo poema, sabremos que no hace falta leer nada más. O que al hacerlo estaremos conociendo un poco más el abanico de sus caricias universales.
Así nos invita, por ejemplo, a pensar la poesía como un sabor: “A algunos les gusta la poesía. /
A algunos/es decir, no a todos./Ni siquiera a los más, sino a los menos. /Sin contar las escuelas, donde es obligatoria, /y a los mismo poetas,/serán dos de cada mil personas./ Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos, /como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda, /como les gusta salirse con la suya,/como les gusta acariciar al perro.//La poesía,/pero qué es la poesía./Más de una insegura respuesta/se ha dado a esta pregunta./Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro/como a un oportuno pasamanos”.
Pero además de su poesía y de su prosa, desde 1996 brilla también el discurso que ofreció al recibir el máximo galardón para quienes escriben. Wislawa, como “mina piola” que uno quiere de compañía, tiene un dominio de la ironía que es el de usar el bisturí escondido en la manga. Por eso habla en el discurso de la dificultad del poeta para presentarse ante la sociedad cuando le preguntan ¿qué hace, a qué se dedica? De cómo la estructura actual de representaciones impide, por ejemplo, una película biográfica de un poeta (“uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada, ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?”). De la imposibilidad de mostrar al poeta como alguien con un oficio tan “explicable” como cualquier otro. Claro, parece que el mundo está muy seguro de no querer preguntas. Por eso también rescata el “no sé” como una gimnasia totalmente necesaria para construir la obra, la de cualquier artista.
A esta “artista”, ebanista de las palabras mundanas y contemporáneas a las que seca las cáscaras hasta descubrir lo imprescindible, se la puede empezar a conocer con la obra “Poesía no completa” editada por el Fondo de Cultura Económica. Y tener esa voz y esa sonrisa que supo imaginarse, por ejemplo, al bebito Adolfo en el poema “La primera foto de Hitler”.
Wislawa, nombre con sonido de manantial, dijo también que durante un siglo no ocurren más que dos o tres cosas importantes. Que nazcan poetas como ella debe ser una de esas cosas. Y muy necesarias si tenemos en cuentas las palabras finales de su discurso del Nobel: “De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como ´la vida común´, ´los acontecimientos comunes´... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo. Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo."

domingo, 10 de abril de 2011

“Los mitos griegos no son políticamente correctos”


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
“Les propongo entrar al más extraño y oscuro de los laberintos: el de la imaginación humana”. Ese es el desafío y convite que hace Ana María Shua en su última producción, editada por Alfaguara y pensada para hacer conocer los mitos griegos al público infantil.
Shua, quien además de novelista y autora especialista de minificción (prepara un nuevo libro del género para setiembre), también tiene un gran camino recorrido en la mente del lector pequeño. En este caso con “Dioses y héroes de la mitología griega”, la idea es precisamente abordarlos dese su experiencia en la “traducción” al lenguaje de esos consumidores especiales. Dice también en el prólogo justificar ese “otra vez” de los mitos porque “son extraños y maravillosos, pero también familiares y cercanos. Porque están vivos”.
-Teniendo en cuenta la invitación que haces en el prólogo , “¿considerás que es el miedo el primer disparador de la imaginación?
-No, en absoluto. La imaginación humana es un extraño y oscuro laberinto en el que hay jardines y selvas, cuartos iluminados, mares insondables, pelusas, rocas y torres de petróleo. No todo es terrorífico, no todo es feliz, pero todo es imprevisible. Los mitos griegos son tan intensos que consiguen hacernos vibrar cruzando el tiempo y el espacio con su carga de asombro y maravilla.
-¿Cómo fue esa experiencia de lectura de “El tesoro de la juventud” que explicás como disparador de esta obra y cómo fue revivirla de adulto para elaborar los textos?
-“El Tesoro de la Juventud” era un libro que yo adoraba. Lo desee mucho y finalmente me regalaron en una noche de Reyes, como a los nueve o diez años. Traía su propio mueblecito, porque eran veinte tomos, era un libro ya muy anticuado para mi época. Pero además de “El libro de los Por qué” y el “El libro de las narraciones interesantes”, “El Tesoro de la Juventud” incluía muchas historias de mitología griega y romana, que yo disfrutaba enormemente. Mis padres se divertían con mi interés por los dioses y los héroes, y a veces me tomaban lección (con el libro abierto, porque ellos no sabían tanto) para ver si realmente me había aprendido esos nombres raros y lo que querían decir. Fue enormemente placentero releer varias versiones de los mitos para revivirlos una vez más.
-¿Cuál es el poder de los mitos griegos para seguir hoy vivos, como decís, y seguir representados con distintas variantes pero el mismo trasfondo?
-Los mitos griegos cuentan historias humanas, llenas de calor, de emoción. No son políticamente correctos, no tienen explicaciones para todo, no son moralistas. Nos hablan de los malos y los buenos sentimientos. Los dioses y los héroes son buenos y malos al mismo tiempo, son valientes pero codiciosos, son generosos pero imprudentes, son alegres pero egoístas. Muchas veces no hay una explicación razonable para sus actos, como le puede pasar a cualquiera, ni ellos mismos saben por qué se están comportando así. Por eso, y por la loca imaginación que los anima, porque tres ancianas marchitas pueden compartir un ojo y un diente, porque hay monstruos que tienen cincuenta cabezas y cien brazos, porque una mujer con cabellos de serpiente puede convertirte en piedra con la mirada, por todas esas razones seguirán estando siempre vivos y al acecho, listos para lanzarse sobre el lector y atraparlo una vez más.
-Alguna vez has opinado que las fronteras entre literatura para adultos y para niños son difusas. ¿Cómo experimentaste este concepto a la hora de armar estos textos? ¿Qué voz narradora elegís para hablarle a los más chicos?
-Las diferencias son muy claras cuando uno se encuentra en mitad del país. Un cuento para un chico de seis años no es para adultos, punto. Pero cuando uno se acerca a las fronteras, diez, once, doce años, no hay tantas diferencias. Un libro para chicos es un libro que también le interesa a los chicos. No tuve que pensar mucho cómo contar estas historias, me guié por mi intuición como escritora. Cuando un autor dice que escribe para sí mismo, no quiere decir que no le interese publicar, sino que uno mismo es su primer lector. Yo traté de escribir los mitos griegos como a mí me hubiera gustado leerlos cuando era chica.
-¿Qué podés adelantar del libro “Fenómenos de circo” que se publicará en setiembre?
-Es un libro de cuentos brevísimos, no más de una página cada uno. Todos tratan de diversos modos sobre el tema del circo y muchos están basados en historias reales. Tanto que decidí incorporar una sección en la que aparecen minibiografías de las personas reales mencionadas en el libro. Quiero que se distingan de los personajes que yo inventé. Estoy muy contenta, lo estoy terminando ahora, después de muchos años de trabajo y me gusta cómo quedó.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Más allá de los 18 whiskies






Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Hay frases inoportunas. Y más inoportunas se convierten sin son las últimas que se dicen. Claro que depende mucho sobre que traje caerá esa mancha. No miraremos aquí aquellas que realmente superaron a la persona o al personaje. Sino, por el contrario, las que por misteriosas razones del tiempo y sus caprichosos sellos, minimizaron figuras. Vale decir que, en muchos casos, las frases fueron buscadas en su efecto. Actitud que se podría sintetizar con una frase hecha: “se cavaron su propia tumba”. Pero en muchos casos, los autores de las frases que hoy siguen con sus ecos, son víctimas de lo que quedó en el tamiz.
Seguramente la mayoría de los autores que citaremos, de haber tenido como última voluntad elegir la frase con la que recordarlos, no hubieran elegido la que hoy subyace.
¿Sabía el poeta Dylan Thomas que iba a morir inmediatamente después de decir “He bebido 18 vasos de Whisky, creo que es todo un récord”? Sin ser médico, probablemente haya tenido una idea de que podía pasar. Pero el caso es que su frase no sólo lo conserva sino que fue (o es) por ejemplo, el título de una revista literaria. Bien. ¿Eso es lo mejor que dijo Thomas para quedar plasmado? ¿Y dónde quedan versos suyos como “Y la muerte perderá su dominio./Los muertos desnudos serán un solo muerto./(…)/Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor/Y la muerte perderá su dominio”
Algo similar ocurre con la tan mal citada “He cometido el peor de los pecados, no he sido feliz”, de Jorge Luis Borges. Mal citada en el sentido de que forma parte de un poema que no es de los mejores de Borges, pero que además corresponde, obviamente, al “personaje” de ese poema. Justamente Borges, quien hizo declaraciones con la precisión de un ebanista, podría tener hoy otros recuerdos.
Hay otras que son evidente búsqueda de efecto: “Madame Bovary soy yo”, de Gustave Flaubert. Claro que es sonora. Pero no todos la leen pensando que en realidad se refiere a que verdaderamente en esa novela dejó toda su sangre de obsesivo prosista. Madame Bovary soy yo en el sentido de “es todo lo que tenía para dar”.
Roberto Arlt, muy enojado con los críticos y por su situación particular de periodista tiempo completo, pone en el final de un prólogo: “Y que bufen los eunucos”. Es el caso de propiedad arrebatada, ya que nos podemos sorprender con que en realidad se trata de un verso de un poema de Rubén Darío. ¿Fue citada sin permiso? ¿Rubén Darío también la tomo cual antorcha de lugares ancestrales?
En ese sentido marketinero, quizás descolle la célebre: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”. Frase de Truman Capote que reemplaza a la adolescente “sexo, drogas y rock and roll”. Y que dio también pie a una falsa etimología del ser escritor. Claro que tuvo sus sucesores.
Pero hay que separar intenciones, como cuando desde una convicción profunda y antes de escribir su mejor obra, el gran Henry Miller declara:“Gracias a Dios no hay más libros que escribir”. Su gran lector crítico, Charles Bukowski, se caracterizó por ser un “frasero” permanente. Pero quizás la que más brillo obtuvo fue “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”, que terminó siendo el título de su biografía más leída. Y a decir verdad, bien elegida porque sintetiza los golpes de efectos de sus otras frases.
Las frases deben tener un comercio con el tiempo y con el medio en que se dice. Evidentemente hay muchas que podrían haber provocado verdaderos cataclismos y no lo hicieron por un error en las coordenadas. Otras hicieron más humo que revolución. De todas maneras hay un ente invisible que las eleva y las torna perennes. Muchas veces encierran en un buen traje al que las dijo. A veces las alcanza a pronunciar en voz alta, como para citar una reciente de José Saramago :“No es que es yo sea pesimista, es que el mundo es pésimo”.
Otras veces son escritas casi sin intención de trascendencia en el medio de un poema. Y se convierten en una belleza abarcativa, como núcleo de los demás sistemas planetarios: “Menos tu vientre, todo es confuso”. (Miguel Hernández).

domingo, 20 de marzo de 2011

La improvisación como estilo





Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Julio Cortázar, Woody Allen y Charlie Parker podrían denominarse como la máxima trinidad de la relación del jazz con la literatura. El primero por su constante admiración en voz alta por el género, el segundo por su inmersión imposible de pasar inadvertida en ambos rubros y el tercero porque, además de la música, ofreció una vida capaz de llenar libros biográficos para todos los gustos y morbos.
Pero, al igual que muchos géneros (literarios o musicales), el jazz no tuvo un patrón genético en la Argentina hasta que el escritor e investigador Sergio Pujol editará “Jazz al sur”. El primer intento de mapa de jazz legítimamente rioplatense.
Pujol, con la vida y obra de músicos como Oscar Alemán, Gato Barbieri, Lalo Schifrin y Enrique "Mono" Villegas descifró los genes que hoy continúan en músicos como Adrián Iaies o Luis Salinas. Es más, quizás fue el generador de una definitiva mirada hacia adentro para elevar a la superficie lo que hoy se denominan “músicas” argentinas. Y que a nosotros en lo local nos toca tan de cerca como la excelente carrera de Andrés Beeuwsaert (quien en su último disco incluye thankas de Borges).
¿Cómo impacta la literatura en el jazz hecho acá? Podemos citar dos ejemplos. El primero si se quiere arrebatando el dilema tanguero de Piazzolla y llevándolo al plano de lo experimental. En este caso junto con la figura in crescendo de Piazzolla se ha creado un rumor en voz baja que es que sus grandes composiciones musicales (incluso en los tangos “puros”) nunca tuvieron letras a su altura. Nunca se le igualó la “poesía” como suele decirse de las letras.
El otro ejemplo tiene que ver con el jazz y el rock. Y aquí literatura y jazz-rock llegan a su máxima combinación con Luis Alberto Spinetta. Incluso los excelentes músicos de jazz actuales recurren a versiones y reversiones de él para sacar brillo a sus Cds.
Pujol, que humildemente dice que “con ´Jazz al sur´ tuve la suerte de contar con una historia que no estaba publicada”, no ha dejado descuidado el fenómeno. Ha confesado que “una nueva generación de solistas ha subido a escena. Quienes la integran no son parricidas, pero comparten entre ellos algunos rasgos ´epocales´, por decirlo de algún modo: componen lo que tocan - o mejor dicho, improvisan a partir de originales-han estudiado rigurosamente la mecánica de sus instrumentos”.
Y de este “viento a favor” del nuevo jazz dice “ojalá dure toda la vida. Lamentablemente, algunos nubarrones asoman en el horizonte: pocos lugares para tocar, escaso apoyo estatal y una sobreabundancia de oferta cultural, a punto tal que hasta el crítico más informado carece de tiempo y espacio para dar cuenta de todo. De cualquier modo, confiemos en el vigor de un arte libre y testarudo, acaso la única música de nuestro tiempo capaz de seguir creciendo sin los créditos del mercado. Finalmente, tres o cuatro tipos tocando sin red y sin mayores cálculos ya son un hecho jazzístico”.
Ahora bien, ¿cuántos autores tomaron las páginas en blanco para pegarle a las teclas como si hicieran jazz? Quizás podemos apoyarnos en Allen Ginsberg cuando habla de su colega Kerouac: “sabía de espontaneidad y jazz, no tener miedo y ser amable. Sus Blues and Haikus permanecen para mí como la grabación clásica de toda la era de la poesía jazz beat: pronunciación enérgica, profundo color de las vocales y dentellada consonante, exquisita inteligencia consciente en cruzar la lengua contra los dientes con labios abiertos. Su dicción maravillosa, aprendida a primera vista de Shakespeare, el color de su festiva, sofisticada, mundana, ´indulgente y amplia inflexión poética´, como él anotó que era la mente de Charlie Parker”.
Y no podemos terminar sin descubrir los genes propios en este tipo de intentos. En Argentina existió Néstor Sánchez, el autor de Siberia Blues que “hizo jazz” intentando por medio de sus ejercicios de improvisación “procurar que la prosa fuera nada más que una excusa para llegar a la poesía”.
Un recurso que no pasó inadvertido en otros autores, considerando esta declaración de Enrique Vila Matas: “en realidad, imitaba a Néstor Sánchez, que salía un poco de Cortázar o, al menos, escribía parecido. Sí, lo más exacto sería decir que yo empecé a escribir imitando el estilo de Néstor”. Como en el jazz…

viernes, 4 de marzo de 2011

Cómo hacer esculturas con cenizas


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
“Lazos de familia” es una reedición para celebrar. Se trata nada menos que de los primeros cuentos de Clarice Lispector, que ahora la editorial Cuenco de plata presenta en renovado formato.
“Es una escritora que ha llegado con el lenguaje a dimensiones trascendentales”, dice el poeta Hugo Mujica que ya ha amagado con realizar un ensayo sobre su admirada Lispector. Es que la lectura de su prosa y su poesía tienen ese efecto residual que va más allá de lo elegante y de lo exquisito. Sus palabras encienden al que las lee. Y puede ser por el propio postulado que tenía la autora del acto de la escritura: “Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba”.
Lispector nació en Ucrania y, desde muy chica, vivió en Brasil. Sin dudas la combinación de origen y lugar final de residencia deben haber influido en su andar en las letras. Pero es del mundo interior de esta autora de donde surge su maestría narrativa. Sin moldes. Ella misma pregonaba tener un “no-estilo”.
Se podría decir que Lispector une la sabiduría de Marguerite Yourcenar con los personajes de Horacio Quiroga en “Cuentos amor, locura y muerte”. No por nada sus primeros alimentos fueron Eça de Queiroz, Jorge Amado y Dostoievski.
Para acotar la biografía podemos agregar que en 1966 tuvo un accidente al dormirse con un cigarrillo encendido y las secuelas fueron físicas, síquicas y también en su obra. Murió en 1977 a los 56 años en Río de Janeiro, luego de pelear con un cáncer de ovario.
En esta etapa de las relaciones humanas, los cuentos de este libro son una verdadera puerta al intento de comprender dónde fue a parar el corazón. Dónde realmente somos y cuándo realmente somos. Claro que todo sucede con una exquisita brisa de ironía que solamente sabemos que nos empapó muchas horas (días) después de haber leído las historias.
En el caso de “Lazos de familia” se pueden encontrar la esencia de Lispector. Esencia y también búsqueda iniciática de un estilo. Lo que no es poco. El licor que luego dará a beber en otras obras se macerando en este conjunto de narraciones a partir de títulos como "Devaneo y Embriaguez de una muchacha", "La imitación de la Rosa", "Amor", “Feliz cumpleaños”, “Las fotografías”.
En estos entramados que se reúne bajo el irónico lugar común de “lazos familiares”, Lispector que también era artista plástica, se diría que buscar construir esculturas con las cenizas de las sensaciones. Opina Marcela Croce: “mientras en los cuentos de Cortázar los aspectos fantásticos residen por lo general en algún elemento del mundo que circunda al personaje, en los relatos de Lispector lo fantástico es de orden subjetivo, y estaría tentada de decir “psicológico” si no fuera por la convicción –tan borgeana, por lo demás— de que psicológicamente todo resulta posible y todo tiende a ser justificable
Cómo no seguir leyendo un cuento que dice “Ella estaba sentada con su vestido de todos los días. Sabía que había hecho lo posible para no volverse luminosa e inalcanzable…”?

domingo, 20 de febrero de 2011

Otro viaje por la zona Nacho Vegas



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Asturiano y de las tierras de la Semana Negra (Gijón). Y una carrera casi terminada en filología. No son datos menores para saber de Nacho Vegas antes de poner alguna de sus canciones. Supo formar parte del grupo Las esferas invisibles, pero con la lectura que se puede hacer hoy de su carrera en solitario se entiende que allí sobraba. Tuvo que pelear con creer él mismo en su voz. Además de intentar imponer una música muy particular, cinematográfica y por momentos de tránsito difícil. Pero todo eso se compensa cuando uno se puede dejar atravesar por las letras. Todo una película en sí misma cada una de ellas.
El 14 de febrero se lanzó oficialmente su quinto disco: “La zona sucia”. Como producto final se podría decir que es un álbum que viene a tratar de emparejar su carrera después del altibajo de “El manifiesto desastre”. Y que busca arrimarse al asombroso e iniciático “Desaparezca aquí”, imposible de igualar más que nada justamente por iniciático.
Nacho Vegas, evidentemente, sigue buscando su licenciatura en desamor. La mayoría de sus historias son de una certeza descomunal a la hora de reflejar efectos, causas y consecuencias del uso de los sentimientos humanos. Pero más allá de las relaciones de pareja, se caracteriza por un humor ácido, negro y al mismo tiempo vital a la hora de ver al mundo. También, como en otros discos, éste trae esa tan especial manera de crear canciones infantiles que se filtran entre las demás pesadillas que conforman el CD. En esta oportunidad se puede apreciar “Lo que comen las brujas”, en el mismo estilo que sus “hermanas” anteriores como “Brujita” o “Adiós miss carrousel”.
Con todos estos ingredientes: ¿cómo escuchar a Nacho Vegas? ¿Dolido, con bajón o con el espíritu en alto? Erróneamente, en algunos comentarios de sus nuevos seguidores se puede leer “más vale que no te agarre bajoneado”. Son opiniones. En realidad es muy probable que con el espíritu en alto, muchas cosas de Nacho Vegas nos pasen de largo. Quizás una recomendación sería escuchar a Nacho Vegas en “estado real”. El mismo explica así la idea de La zona sucia: “realmente no es un único lado, ni es una zona oscura del todo, es un sitio donde viven multitud de paradojas, de contradicciones, luces y sombras, una canción en sí es una paradoja, necesita de una contradicción”.
En este nuevo disco, para los que lo conocen o para quien lo descubre, éstas son algunas de las historias que hay:
“Cuando te canses de mí”: rasguido característico con el fondo de tormenta típico. Algo va a suceder y no se sabe qué. Un buen comienzo de disco. “yo trato de matar el tiempo/y entre tanto lo que el tiempo/intentará es matarme a mí”.
“La gran broma final”: surgido como corte de difusión. Guitarra y acompañamiento de percusión asturiana, una quebradiza voz para la ironía más pura. “Y ahora ya me empiezo a preguntar/cuál de estos chistes es el mejor:/el del día en que te hablé de amor/sabiendo que daban ´Temporal´/o el día de la gran broma final”.
“Incendios”: en esta zona sucia, una de las canciones que van volando al ras del suelo. Con cadencias de sanadora reflexión. “Releí uno a uno sus libros/buscando pistas en ellos/y en cada una de sus páginas/he acabado encontrándote”.
“Reloj sin manecillas”: Una rareza de tiempo, una canción de dos minutos mientras que el promedio de Nacho Vegas es de seis. “Y por una vez seré una luz y una canción,/y seré la esfera de un reloj que no tiene agujas”.
“Taberneros”: Con coros infantiles, la inocencia y el desastre bien mezclados. “Quisiera que me quisieras/y yo no quisiera quererte/pero en vida no suele ocurrir/lo que uno quiere que ocurra/y tu te fuiste detestándome y yo/hoy te quiero más que nunca”.
“Cosas que no hay que contar”: Otra de las canciones que son una búsqueda al sonido y espíritu de discos como “Desaparezca aquí”. “Es muy triste no saber gran cosa/de la propia vida hasta que ya/es muy tarde y no vale la pena/todo esfuerzo por callar/estas cosas que no hay que contar…”.

lunes, 14 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

Los talismanes de la pitonisa



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar

Poco antes de morir, en 1998, Olga Orozco obtuvo algo parecido al reconocimiento que se merecía en vida: el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”. Si bien quedaron pendientes galardones internacionales que podrían haber puesto a su enorme voz en el lugar correspondiente, el Juan Rulfo fue ajustado a su pampeano origen. A esa ciudad de su génesis llamada Toay, nombre de sonido talismánico que adelantaría el tono que tendría toda su poesía.
Pero los reconocimientos y las justicias poéticas en cuanto a nombres, se sabe que muchas veces llegan post mortem (“Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero”, había adelantado en “Las Muertes”, una serie de elegías en la que ella misma se incluye al final). Y estos reconocimientos muchas veces llegan sin ruido, sin estridencias. Sí con el efectivo silencio de un libro (o varios) que permiten al lector retener a la poeta en su esencia.
El primer caso es la excelente antología “El jardín imposible”, a cargo de la poeta Marisa Negri (Ediciones en Danza). Allí se apunta que “en anotaciones para una autobiografía dice Olga Orozco: ´Con el sol en piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa) y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba. En cuanto hablo de mí, se insinúa entre los cortinajes interiores un yo que no me gusta: es algo que se asemeja a un fruto leñoso, del tamaño y la contextura de una nuez. Trato de atraerlo hacia afuera por todos los medios aun aspirándolo desde el porvenir. Y en cuanto mi yo se asoma, le aplicoun golpe seco y preciso para evitar crecimientos invasores, pero también inútiles mutilaciones. Entonces ya puedo ser otra. Este sencillo juego me ha impedido ramificarme en el orgullo y también en la humildad. Lo cultivé en Bahía Blanca, junto a un mar discreto y encerrado, hasta los dieciséis años, y seguí creciendo en Buenos Aires, hasta la actualidad, sin llegar jamás a la verdadera maestría…”. La selección de poemas, que ya ha recorrido el mundo y fue traducida a varios idiomas, está a altura de su antóloga la también excelente poeta Marisa Negri.

También se rescata la voz de Juan Gelman en “La indomable y feroz memoria”: “Me pregunto cuánta sangre viva del alma ha vertido Olga para –son sus palabras– hacer talismanes con ´un indefenso corazón enamorado´, entrar en ´las dos caras de los sueños´, conocer ´ese color de invierno deslumbrante que nace donde mueres´, ganar ´cetros de bestia en la intemperie´, comer ´la almendra del misterio´, tener caras sucesivas como ´un muestrario de nieblas, de terrores´, vestir ´de reina, de bruja, de mendiga´, roer los duros huesos de las desapariciones, cocer ´las sustancias de la separación´, resistir ´las invasiones de la oscuridad´, padecer ´las comuniones del contagio, perfeccionar ´penurias como dichas´, confeccionar ´el lujoso inventario de todo lo imposible´, convivir con una ´vocación de abismo”.´
Más reciente es la edición de “La oscuridad es otro sol” (Losada), que trae como novedad las ilustraciones del poeta Enrique Molina a diferencia de su primera publicación en 1967. La obra es “un campo minado por misterios sin resolver y una sucesión de juegos que llevan al desdoblamiento continuo en una transfiguración que alcanza a los personajes y aún a los seres inanimados: Son ´muebles oscuros (que) miran con hambre desde las cerraduras´ y ´ovillos de lana que significan otra cosa, y que caen, rebotan y se deslizan astutamente silenciosos (…) y los cajones de la cómoda que tratan de respirar todavía por última vez”.

Toda esta puesta en la superficie de la obra de Olga Orozco se coronará cuando antes de que termine el 2011, Adriana Hidalgo saque a la calle su “Obra Completa”.


Estos libros son verdaderos talismanes para la memoria de Olga Orozco. Quizás con el poder de alguno de sus ansiados conjuros para detener el tiempo con el que ha “luchado a veces cuerpo a cuerpo”. Por eso, con estas obras, quizás tenga que seguir oyéndole su áspero susurrar pampeano: “No vacíes la bolsa/no exhibas tus trofeos/No relates de nuevo tus hazañas de vergonzoso gladiador en las desmesuradas galerías del eco”.

jueves, 3 de febrero de 2011

La condesa sangrienta tiene rostro


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
En 1965 Alejandra Pizarnik utiliza la prosa para relatar uno de sus textos más recordados: “La condesa sangrienta”, basada en el registro poético de Valentine Penrose sobre la historia de Erzébet Báthory, acusada del asesinato de 650 muchachas.
Esta versión, que fue publicada en el libro “La extracción de la piedra de la locura y otros poemas”, tiene ahora una flamante edición ilustrada. Es a partir de la editorial El Zorro Rojo que promete la reedición de relatos ilustres e ilustrados.
¿Cómo es conocer el rostro de la condesa sangrienta? Justamente Pizarnik, en esa misma antología, anota en uno de sus memorables poemas titulado “Sólo un nombre”: “Alejandra, Alejandra/debajo estoy yo/Alejandra”. Más de una biografía habla del autodesencanto físico que tenía la poeta. Y, por otro lado, el registro de la condesa Báthory no deja de respirar esa fascinación por el accionar sangriento de su protagonista. No por nada Pizarnik elije la frase de Sartre para iniciarlo: “El criminal no hace la belleza; él mismo es la auténtica belleza”.
El ilustrador es un joven talento, Santiago Caruso. Sus figuras rozan la historieta. No deja de impactar en la visión del lector su mirada sobre el relato. Pero también se hace difícil tratar de encajar las piezas que alguna vez nos puso a girar en la imaginación este texto al que la misma Pizarnik promocionaba como de lo mejor que había escrito.
Es que se torna difícil dejar que otro imagine por nosotros, por ejemplo cuando Pizarnik describe: “El aposento de la condesa, frío y mal alumbrado por una lámpara de aceite de jazmín, olía a sangre así como el subsuelo a cadáver. De haberlo querido, hubiera podido realizar su ´gran obra´ a la luz del día y diezmar muchachas al sol, pero la fascinaban las tinieblas del laberinto que tan bien acordaban a su terrible erotismo de piedra, de nieve y de murallas”.
Apartándonos de lo más importante, que es la creación literaria, diremos que la biografía habla de una condesa que nació el 7 de agosto de 1560 y murió el 21 de agosto de 1614. Fue acusada y condenada por la muerte de más de 630 muchachas y también existe otra versión: que los crímenes fueron un invento para destronarla y destruirla.
De todos modos Erzsébet tiene el récord Guinness como la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad.
Pero, basándonos por ejemplo en el caso del torero Sánchez Mejía, donde podemos decir que es Lorca quien verdaderamente le da vida en su poema, lo mismo sucede con la condesa gracias a Pizarnik. Hay una pequeña biografía con sus dudas o no y hay también el texto “La condesa sangrienta”, donde verdaderamente brilla la anécdota. Pizarnik termina el relato con datos reales. La condesa nunca se arrepintió y más bien mostró incomprensión hacia las acusaciones que le hacían. ¿Porque lo negaba o porque no entendía como crimen su particular erotismo?
Báthory, que ahora entra en la categoría de historieta, ha tenido en estos años muchas películas homenajeando su figura, muchos poster en salas sadomasoquistas y varios grupos heavy metal con su nombre. Pero el relato de Pizarnik, que, hay que decirlo, concluye con un alegato moral, se adelantó en belleza descriptiva. En voluntad autoral por dejar la impronta que tales hechos, consumados o no, merecían en magnitud.

domingo, 30 de enero de 2011

Mentime que me asusta



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Tomar una cerveza con Alberto Laiseca es una extraña clase de literatura. Con el tiempo uno descubre que en ese encuentro se construyeron momentos inolvidables. Sentencias que se maceran y certifican. Por ejemplo, la certeza del autor de “Los Sorias” al asegurar que una de las mejores escenas de terror escritas es unos de los capítulos de Pinocho en su versión original.
Sus cigarrillos negros y la espuma de una cerveza al natural jugando en los bigotes logran que su imagen de oráculo no de decaiga a plena luz del día. Su cambio de humor repentino le asegura el carácter de mito viviente en construcción. Y luego, en acción, a media luz narrando a Poe, la confirmación absoluta del poder que solo ostenta quien mejor cuenta la historia.
Alberto Laiseca hipnotizó alguna vez al público del Circo de Poesía, en la Alizanza Francesa, durante unos cincuenta minutos con “La caída de la casa Usher”. Anécdota mediante: en el momento de mayor tensión, con el dorso de la mano Laiseca volcó el vaso de whiski que lo acompañaba con fidelidad. Silencio, tensión y la salida magistral al decirle al público con la mejor cara de tragedia: “como verán, el más perjudicado con esto soy yo”. Y enseguida, con el vaso recargado al instante, la continuidad del relato como si nada lo hubiese interrumpido.
Esta sagacidad va sumada a una larga pasión entrenada por narrar con un profesionalismo admirable. Todas estas armas ahora Laiseca las presenta aceitadas para el ciclo “Noches de luna y misterio”, en distintos espacios porteños, con relatos de Edgard Allan Poe, H. P. Lovecraft, Horacio Quiroga y otros de su autoría.
Sería interesante asumir la decadencia del género, sobre todo en lo cinematográfico donde ya no alcanzan las ideas lovecraftianas de enterrar a alguien vivo y esperar que esa trama aguante los eternos minutos de un largometraje. Pero con Laiseca es distinto. Si bien la enseñanza puede ser que no podemos huir de los clásicos (Poe, Quiroga), lo que su particular forma de narrar hace es lograr aquello que pedía Fontanarrosa: “tengo un montón de cosas para hacer, pero no me puedo ir hasta que termines de contar la historia”.
Fontanarrosa en el humor y Laiseca en el terror, son ejemplos de cómo una mesa de bar y un vaso de cualquier líquido, son todos los efectos especiales que necesita el que sabe contar.
Para este nuevo ciclo, que pone a Laiseca en acción después de los recordados cuentos por I-Sat,a declarado algunos de sus secretos: "A mí la literatura de terror, que mamé desde niño, me hizo muy bien. Me daba mucho miedo, no podía dormir de noche, pero era el precio que tenía que pagar para crecer”.
Ese monstruo ficcional que impone él mismo como figura, se hace un tierno y consejero abuelo para quien lo quiera escuchar tomando cerveza natural a la luz del día. Sus manos huesudas, que tanto jugo dieron en el film “El artista”, van construyendo en el aire un imaginario castillos de naipes. Como quien muestra un truco pero al mismo tiempo guiña el ojo como diciendo: “te digo cómo se hace, pero al único que le sale es a mí”.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las ideas en el mejor papel



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Maná Azul está catalogada por sus lectores críticos como “una verdadera revista de cultura”. En estos tiempos intentar y lograr eso no es poca cosa. Está en la calle la edición Nº 5 de la nueva etapa de este emprendimiento. Es una edición especial en la que, además de las secciones habituales, contiene una despedida de 2010 con un dossier titulado “Pensando el bicentenario”.
Enfrentando todos los obstáculos para obtener hoy un producto digno a partir de la literatura, comandan esta revista desde la vecina ciudad de Azul: Adriana Abadie, Carlos Cuccaro, Roberto Glorioso, Silvio Oliva Drys, Ana M. Rodríguez de Baudron y Enrique César Rodríguez.
En la sección poesía hay verdaderos descubrimientos con las obras de Julia Magistratti y Valeria Meiller. Y como aporte al bicentenario, florea la nota “Duelos en los siglos XIX y XX” a cargo de Enrique C. Rodríguez.
Una extensa entrevista a Carlos Gamerro, realizada por Glorioso y Abadie, también nutre este número. El escritor estuvo en Azul para estudiar la influencia de Cervantes y El Quijote en el siglo XVII en Inglaterra, cuando apareció la primera traducción a ese idioma. El resultado es un extenso recorrido por la creación literaria y su especialización académica: literatura inglesa.
La plástica está presente en notas como “El arte abyecto en la Argentina”, “Un surrealista metafísico en la Pampa” (Christian Amezcua) y “Una aproximación a la historia de la porcelana”.
Además de otras secciones y columnistas, la edición se completa con los comentarios de libros de Facundo Gómez Romero y una nota titulada “!Luz!, ¡cámara!, ¡Historia!”, realizada por el profesor Oscar Bustingorry.
Flora Gómez obtuvo una beca de investigación del Fondo Nacional de las Artes con su trabajo “El arte de contenidos abyectos en la Argentina entre 1971 y 2002. Acerca de las condiciones de producción y recepción”. Este texto se transcribe en Maná Azul para mostrar la búsqueda de la autora de “detectar antecedentes de contenidos abyectos en obras de artistas pertenecientes al circuito oficial de las artes visuales argentinas (…) expresiones artísticas que han proliferado en el arte occidental en la última década y ha tenido eco en este país con características propias”.
La edición y diagramación de Maná Azul, como ya tiene acostumbrado a sus lectores, es un verdadero lujo para la región. El sumario, a estas alturas muy numeroso, necesitaría un índice interno para poder ubicar mejor a las notas y sus autores. Las que van inteligentemente mechadas por ilustraciones de Christian Amezcua.
Julia Magistratti y Valeria Meiller son dos jóvenes poetas azuleñas con un muy buen presente literario. Los poemas presentados en esta revista sirven de muy buena señal. Y, aunque hay que descubrirlos, vale como adelanto el final de “La costra”, de Magistratti:
“Todas las tardes eran descalzas./Y a solas con los paraísos/desorientaban las flores,/hasta que aparecía un zapallo/del tamaño de la cara/y era como un hermano/que venía de debajo de la tierra/sin la promesa de la muerte”.

domingo, 23 de enero de 2011

Letras como sábanas de seda


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Todo comenzó con la vanidad. Un grupo de notables cantautores españoles, desde Serrat a Miguel Ríos, decidieron homenajear a Javier Krahe. Se trata de un doble CD que contiene perlas como “La yeti” (canta Diego Carrasco), “Pijama blanco” (canta Luis Eduardo Aute), “En la costa Suiza” (canta Carmen París)… y continúa una lista que casi llega a las treinta composiciones. Así, el turno de “Sábanas de seda”, quizás la mejor canción que escribió Krahe, recayó en Alejandro Sanz.
En un principio uno podría pensar en Diego Torres haciendo “Penélope”, aunque un recorrido rápido por youtube pone a prueba a este artista que no sólo hizo “Corazón partío” sino que supo meterse en rondas flamencas de lustre y también colaboró con artistas cuya compañía son como manuales. En cuanto a “Sábanas de seda”, el resultado es una versión con el fraseo característico de Sanz y con una baja importante de dramatismo. Ese que la voz grave de su autor da en el nervio justo.
Javier Krahe, que comenzó a cantar pasando los treinta, se merecía este homenaje a sus sesenta. Y para tener una apreciación mejor de este creador inigualable, es imprescindible ver el DVD que viene junto con este trabajo discográfico con el título “Esta no es la vida privada de Javier Krahe”. Un documental que incluye canciones en vivo y que refleja en primera persona las convicciones de un artista con un molde propio e irrompible.
En estas canciones de homenaje, era “cantado” que la exuberante historia de “Don Andrés octogenario” la cantase Joaquín Sabina. Primero, porque lo que le ocurre a don Andrés antes de morir necesitaba ser narrado con la desfachatez propia de él, que además le cambió intencionalmente la edad: sexagenario. Y, más aún, lo bautizó “don Javier”. Recordemos que Sabina es el admirador número uno, su hija es ahijada de Krahe y nunca considerará una canción suya mejor que la de su maestro.
No hay que dejar pasar que en este CD hay sobresaltos interesantes como, justamente, “Sobresaltos de plata” por el propio Diego el Cigala y también “Abajo el alzheimer” por el mismísimo Enrique Morente.
Este trabajo, que no es un lanzamiento reciente y que quien lo quiera deberá navegar para conseguirlo, es un compendio de historias alucinante. Con variaciones de voces, de interpretaciones y con la línea constante de esa pluma que hace sobrevivir la poesía española. La de los siglos de gloria, la de la copla, la de Serrat y para acá.
Es, en definitiva, una forma de conocer el universo Krahe. Que lleva las emociones de quien escucha de la carcajada al romanticismo sin escalas. Que dibuja metáforas imposibles en la cuerda floja de los desabridos discursos actuales. Y que no deja de hablar del amor, como toda canción que se precie. Envuelta en “Sábanas de seda”:
“Tú que has tenido la rara fortuna/de conocer/el corazón a la luz de la luna/de mi mujer/Tu que supiste cojerle el tranquillo/a sus abrazos/más de una vez te adivino en el brillo/de sus ojazos./Cuando en la noche una sábana enreda/y es tu fantasma/aunque el ensueño se vista/de seda/no me entusiasma”.

miércoles, 19 de enero de 2011

El arte y el oficio de contar


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Comenzar la nota diciendo que el 12 de febrero cumpliría 101 años sería como querer parodiar su obra. Enrique Anderson Imbert podría haber usado en cualquiera de sus cuentos ese inútil modismo periodístico para señalar ese imposible que en muchas efemérides se alarga hasta el absurdo total: “hoy hubiese cumplido 235 años… fulano de tal”.
Anderson Imbert, cordobés, fue uno de los pocos intelectuales argentinos que no pecó de tal. Era profesor universitario, pero en su labor como ensayista y cuentista, esos rasgos rancios que se suele tener desde la academia, fueron menos visible que su talento e imaginación. Y dejó, sobre todo, una gran enseñanza para el género microrrelato.
Su obra narrativa, sus ensayos y críticas literarias son apabullantes. Fue un socialista expulsado por el peronismo. Pero su refugio en Estados Unidos le permitió llegar a profesor de Literatura Hispánica en la Universidad de Harvard. Anderson Imbert se convirtió entonces en uno de los más brillantes expertos en literatura hispanoamericana. Y su academicismo no le impidió seguir el legado de Einstein: “más vale imaginación que conocimiento”, ya que siguió inventando tramas efectivísimas hasta en el lecho de muerte. Murió en diciembre de 2000.
No sabemos si el caprichoso canon nacional lo puso en su verdadero lugar. Es un nombre, una figura, que no suele repetirse tanto como debiera en las enciclopedias. Pero sí obtuvo en vida el necesario reconocimiento de ver publicada su obra completa. Acontecimiento que lo llevó a dejar este breve e impactante legado:
“Tengo ochenta años y, aunque creo que seguiré escribiendo, quiero darme el gusto de ver, yo, una buena edición de mis narraciones completas. Me han pedido que las prologue con una autobiografía. Lo siento, pero no puedo... ¿De veras es importante que los lectores sepan quién soy? Porque yo tampoco lo sé. Cuando escribo yo no soy yo sino varios yoes. Para hablar de mí tendría que usar máscaras, enfrentar espejos, impostar voces... ¡Y triplicarme! pues en mis narraciones hay tres personas en un solo Autor. Por favor, no confundan a los miembros de esta Trinidad: Hombre, Escritor, Narrador”.
Siempre es interesante saber que hay anclas en la lectura de cuentos. Porque el cuentista es quien más ejerce oficio en el campo de la literatura. Es quien más puede charlar de su labor con un relojero o con un boxeador para compartir experiencias. Anderson Imbert utilizó todas las herramientas técnicas a su alcance y siempre supo darle el último toque de gracia creativo. Dejó un testimonio de trabajo que agradecen esos lectores que saben distinguir historias bien contadas. Y también es recomendable para quienes quieran sumergirse en la práctica del cuento.
“La ficción es lo característico de la actividad humana. Somos animales simbólicos que hemos intentado un mundo de símbolos”, ha señalado alguna vez este autor cordobés.
Con un sereno pasar por las filas de quienes pueden llegar a estar destinados al parnaso, Anderson Imbert no dedicó mucho tiempo efímero a construirse una trascendencia. Quizás porque estaba seguro de que su obra lo lograría por sí sola. En su cuento “La Fama”, casi lo dice:
“El poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:
-¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mi cuándo?
La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:
-Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.
-¡Ah, te lo agradezco mucho!
-Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz”.

miércoles, 12 de enero de 2011

Los dos Hernández de Serrat




Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Hace poco, un periodista “serio” de nuestro país le preguntó a Serrat si seguía componiendo. Y lo hizo con la misma convicción de ese público que lo congeló en “Penélope”. La respuesta, surgida de un caballero, fue lo más suave posible: nunca dejé de componer. Joan Manuel Serrat, además de divertirse con Sabina, ha seguido editando CDs cada dos o tres años. Algunos memorables como “Sombras de la China”, otros con más o menos prensa. Pero en definitiva el asombro en la respuesta proviene de ver cómo el otro construye la figura de alguien a partir de las superficies. “Como voy a creer en el opinión pública si soy periodista…” contesta magistralmente el personaje de la novela “Sostiene Pereira”. Algo similar produjo la imagen de luto de algunos canales ante la reciente muerte de María Elena Walsh cuyo directores, guionistas, etc. no parecen haber crecido escuchando sus canciones.
Para cerrar el 2010, Serrat pasó por el Gran Rex con un recital a la medida de los nostálgicos pero también presentando las nuevas canciones con poemas de Miguel Hernández. Un trabajo discográfico surgido en el año del Centenario del poeta y que costó mucho concretar por el lado de los derechos que debían ceder sus herederos. El mismo cantante explica, en el DVD que trae la edición original, que lo más significativo es la diferencia de contexto. Aquellas canciones del setenta con todo el sabor de la barricada y el de ahora surgido de la nostalgia que además le permitió basarse más en lo estético que en lo político.
Más allá de los contextos, quien escucha este nuevo Hernández por Serrat, tiene la gran dificultad competitiva de joyas como “Nanas de la cebolla”, “Elegía” o “Menos tu vientre”. Perfecciones poéticas a las que se suma el tono de pájaro herido de un joven y desbordante Serrat. De todas maneras “Hijo de la luz y de la sombra” es un CD que se deja ir escuchando. Gracias a la selección de temas podemos ir descubriendo facetas de Hernández algo curiosas como “El mundo de los demás”, surgida en un respiro de trinchera y que tiene unos primeros versos que coinciden conceptualmente con el comienzo de esta nota: “El mundo es como aparece/ante mis cinco sentidos,/y ante los tuyos que son/las orillas de los míos”.
Y los climas son cambiantes salvo en creaciones contundentes como “El hambre”, “Las abarcas desiertas” y “Solo quien ama vuela”. Hablando siempre de ese difícil matrimonio feliz entre letra y música.
Dejamos para lo último el tema que cierra el CD, que también le da nombre al trabajo discográfico y que se utilizó para el video de promoción. Un poema ahora canción que por sí sólo vale todo el trabajo. Así como podríamos exagerar que la vida poética de Hernández se justifica en un solo verso: “Menos tu vientre, todo es confuso”.
Acerca del poema que cierra el CD, el mismo Hernández supo dejar en claro que quería dejar todo su potencial en esas líneas dedicadas a la eterna Josefina Manresa. Aquella mujer a la que Serrat le acercó el primer trabajo de 1972 y como le contestó que no tenía dónde escucharlo, bajó a la calle para comprarle un tocadiscos.
El amor a Josefina y a sus hijos, surgido de hilos de sangre entre cárcel y cárcel, le dio a los textos de Hernández una impronta tan poderosa que hoy siguen siendo una marca al rojo vivo. La voz de Serrat se pone seria en ese sentido. Y así se derrama para entonar: “Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje/su avaricioso anhelo de imán y poderío./Un astral sentimiento febril me sobrecoge,/incendia mi osamenta con un escalofrío (…) Eres la noche, esposa/ yo soy el mediodía. (…) Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,/seguiremos besándonos en el hijo profundo./Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,/se besan los primeros pobladores del mundo”.
Hablar de la vida del poeta más sentido que parió España es para otra larga nota. Pero Serrat, en las presentaciones oficiales, ha dicho en su país: “Miguel Hernández ha tenido tan mala suerte que hasta el año de su centenario le pilló la crisis. Tuvo mala suerte hasta 100 años después”.

jueves, 6 de enero de 2011

Haikus por celular


Guillermo Del Zotto

gdelzotto@elpopular.com.ar

La mezcla de la lengua china con la cultura japonesa que ocurrió en el siglo VIII, ¿pudo haber previsto un género poético que vendría como anillo al dedo para el desaforado uso de la telefonía celular en el siglo XXI? Nos estamos refiriendo al haiku, una forma tradicional que ha pasado por varias etapas de popularidad y que hoy, sobre todo en Occidente, está teniendo una nueva revitalización.

Su composición es de sólo tres versos que se construyen con cinco, siete y cinco sílabas. Más allá de la construcción técnica, lo que se logra es una brevísima forma que puede ser enviada por celular casi con la misma velocidad y síntesis que un mensaje habitual. La diferencia es que emisor o receptor o ambos a la vez pueden soñar a partir de esas palabras.

Alberto Laiseca ha señalado alguna vez el exceso de palabras que utilizamos en esta parte del hemisferio en contrapunto con los orientales. Pero lo ha hecho pensando más que nada en lo conceptual. Así las cosas, el haiku nació para sintetizar estéticamente la filosofía zen. Es decir, inspirado en la naturaleza, la contemplación y sobre todo las sensaciones provocadas por las estaciones del año. Con una contextura austera, sutil, profundamente sencilla.

Cuando esta atractiva forma literaria fue capturada por Occidente, obviamente se intelectualizó. Y esa cáscara de nuez que era su forma comenzó a tener contenidos más entreverados. En cierta forma esto degenera por un lado, pero por el otro abre un desafío muy interesante: ¿cómo lograr con tan pocas palabras generar un concepto o sensación perdurables? Sílabas más, sílabas menos, los grandes cultores de este desafío en nuestra lengua fueron Octavio Paz, Jorge Luis Borges y Mario Benedetti.

El objetivo telegramático deja sin embargo a toda luces una aplicación de la brevedad verdaderamente efectiva. Así como otras formas breves de literatura o de poesía, el haiku es un verdadero niño prematuro mimado. Al que se vuelve de vez en vez, por su eficacia, belleza y justeza.

Dice Carlos Fleitas de la contribución al haiku por parte de Octavio Paz: "el haiku es no sólo una forma literaria, es un modo de vivir plenamente la riqueza y variedad del mundo. No sería justo tampoco, eludir la fidelidad de la memoria de Octavio Paz: la crónica de los poetas hispanoamericanos que bajo la influencia del haiku crearon magnificas poesías. Desfilan así Tablada, Rebolledo, Carrera Andrade y ni más ni menos que Machado, Juan Ramón Jiménez y García Lorca. De este modo debemos al escritor mexicano no sólo una contribución a la comprensión del haiku en su aspecto poético, sino también crítico-histórico".

El uso posterior de un agregado a este método, llamado tanka y con más de mil años de antigüedad, tiene su explicación. Se trata del mismo sistema que el haiku sólo que a los tres primeros versos se le agregan dos más de siete sílabas cada uno. Esta forma sencilla y breve de poesía tenía un objetivo concreto: era una síntesis matutina de lo ocurrido entre amantes la noche anterior. Se enviaba en secreto con un mensajero que, volviendo al origen de la nota, podríamos denominar el primer uso del celular humano.

Borges, que también construyó tankas (algunos de los cuales terminaron en la voz de Pedro Aznar), tuvo con los haikus una relación que no pudo despegar de su pasión por las matemáticas. De ahí surgen sus "Diecisiete haikus", un poema que se torna laberinto en sí mismo guardando la forma de cinco, siete, cinco para los versos y también para la cantidad de haikus que lo componen.

Se pueden leer allí construcciones reconocibles como: "Desde aquel día/ no he movido las piezas/ en el tablero". Y románticas como "La luna nueva./ Ella también la mira /desde otra puerta".

Y también una semilla (o síntesis posterior) del texto "Las uñas", que publicara en "El hacedor". El haiku dice así: "El hombre ha muerto./ La barba no lo sabe./ Crecen las uñas".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La risa, recurso infalible





Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Thomas Mann aseguraba que la obra de Dostoievski era de una “comicidad maravillosa”, porque creía que “entre otras cosas, este crucificado fue un gran humorista”. También es usual que cuando uno entra en el ritmo de Borges, sobrevenga una carcajada solitaria en medio de un cuento. O una sonrisa de costado se mantenga durante una de sus breves prosas poéticas.
Claro que a estos dos autores en ninguna colección se los promociona como los grandes del buen humor literario ni aparecen en los anaqueles junto a Fontanarrosa, Woody Allen, Leo Maslíah o Copi. Y hay que aclarar algo a favor de éstos últimos: decir “voy a hacer reír” y luego lograrlo es uno de los atributos artísticos más difíciles de obtener. ¿Cómo no lo va a ser en el terreno literario?, el peor de los escenarios para que intelecto y emoción se pongan de acuerdo y la pasen bien.
Otra aclaración: estamos hablando de escritores “serios”, en todos los casos. Y quizás la única diferencia de calidad que pueda haber entre el Borges cuentista y el Fontanarrosa cuentista, sea el lector ideal que le haya tocado. Por otro lado, la risa tiene al igual que la muerte, representantes patéticos de a mil por segundo. Lo que no quiere decir que tengan gracia, palabra ésta última de un contenido espiritual que no muchos consideran a la hora de hacerse, paradójicamente, los graciosos.
Mex Urtizberea condujo un programa por Canal a que se llamó “La historia de la risa”. Un excelente documental contemporáneo que de alguna manera le devolvió el prestigio a esa forma de hacer arte o literatura. Escribir como Borges siendo Borges, valga el delirio, es relativamente más fácil que hacerlo como Fontanarrosa. Ya en sus “Palabras iniciales”, el Negro deliraba sobre literatura “seria” y literatura efectiva. Y entiéndase efectiva en el sentido estricto, no de ventas. Chejov, un precursor del humor literario que inició su carrera con el seudónimo cómico de Chejonte, ya lo anunciaba en sus máximas: “es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera”.
Al prejuicio razonable del lector sobre este tipo de literatura, hay que agregarle el despiadado e impotente prejuicio de los críticos. Y cuando al humor se suma el fútbol, por ejemplo, el barrilete a remontar se torna verdaderamente pesado.
No es una novedad descubrir que uno se ríe frente a los espejos. Entonces, al igual que el poema, el texto que nos intente sacar la risa deberá tener una contextura física en la que nos podamos reconocer. Y de un modo tan profundo que pueda hacer reaccionar la cantidad de músculos necesarios para la expresión más cara en estos tiempos.
La risa idiota hoy compite en la radio y la televisión con el pronóstico del tiempo. Es más, ya no se trata del pronóstico solamente. Hay un show del tiempo en cada programa noticioso. Y en algunos es lo único que hay. Debe ser terriblemente trabajoso realizar guiones para esa gente que arma una serie de comentarios y análisis a partir de una base tan efímera e insostenible. Es, literalmente, hablar del aire.
El detalle y la síntesis serían la base para lograr estos estados. En resumidas cuentas, no muy lejos a los elementos que constituyen una historia bien contada. La risa sería ese certificado bien directo y sonoro de que la cosa funcionó bien. Y a cualquier contador de historias eso es lo único que le importa. La expresión “mirá qué caro te salió el chiste” encaja en esta aprobación. Chiste, en el sentido de redondez y efectividad; caro en el sentido de perdurabilidad.
Por supuesto que, al igual que una novela exitosa, para la risa literaria no hay recetas. Por lo menos garantizadas. En ese sentido a Leo Maslíah se le ocurrió el poema “Encargue”, que no sabemos si es para utilizar los ingredientes en algún preparado misterioso o simplemente para una enumeración práctica. De todas formas sirve para despedirse:
“Nene te dejo acá arriba de la mesa la plata para que vayas a la Feria del Libro y por favor me traigas:
Medio kilo de Cortázar/Un Stendhal de ropa/cien gramos de Baudelaire (del barato, alguna edición de bolsillo)/Algunos de Marcela Serrano que veas (preguntá si es fresco)/Dos Bucay (pero que no sean orientales, buscá de cocción rápida), Una Pizarnik (si no encontrás igual traé una prepizarnik y comprá la salsa aparte)/Una docena de revelaciones de James Redfield/Seis anillos de poder (si no hay, de espinaca)/Una inteligencia emocional (o cualquiera otra que encuentres, siempre que no involucre a la razón)/Un sachet de Saramago/Un atado de Kundera/Tres códigos de Douglas Vinci/Y Sabel Allende”.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Antonio Gamoneda, las palabras sin el tiempo


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar

“En la vida práctica el tiempo es una riqueza de la que somos avaros; en la literatura es una riqueza de la que se dispone con comodidad y desprendimiento”. El concepto es de Italo Calvino en sus memorables “Seis propuestas para el próximo milenio”. Ningún tesoro más preciado que ése cuando leemos: dominar el tiempo. O, mejor, que lo que leemos logre detenerlo, elastizarlo, quitarle todos los componente de tiranía. Claro que no es fácil conseguir autores con semejante poder. El poeta español Antonio Gamoneda es sin dudas uno de ellos.
Gracias a colegas como Jorge Boccanera, tenemos cerca las marcas poéticas de Gamoneda, quien recientemente ha declarado que ve en América Latina el futuro de la poesía. La antología “Lengua y herida”, publicada a través de Colihue, es una aproximación a una obra tan vasta como la propia leyenda del tiempo. Porque esa es la ilusión cuando los versos nos ganan.
Nacido y criado en un barrio de obreros y ferroviarios, el poeta ha llegado a los altos vientos que acariciaran al pastor de Orihuela, Miguel Hernández. Y es de esa rara especie en la que los premios resonantes no han ensombrecido ni iluminado falsamente. Es dueño del Premio Sofía y del Cervantes. Pero son distinciones que se parecen más a un inclinarse de rodillas frente a la evidencia que a otra cosa.
El lenguaje, clara arma imbatible en su poesía, es el que pone la diferencia. Ni bien se posan los ojos en sus primeras palabras descubiertas. A partir de allí surge un pentagrama novedoso. No cómo una música rara, sino como algo que fuera una nueva música:
“Ha venido tu lengua, está en mi boca
como una fruta en la melancolía”.
Gamoneda es de esos poetas que hacen de la poesía la gran pregunta. La eterna pregunta que se va haciendo poesía cuando se hace. En el sentido en que Girri entendió la “intrapoesía”.
Así, con el timón de la velocidad del tiempo y un lenguaje líquido, el poeta imprime otra característica que es esa especie de “no edad”. Pero lo hace desde un lugar extraño: en lugar de convertirse en un niño eterno, se transforma en un viejo más allá de la decrepitud. Todas las miradas irónicas sobre el paso del tiempo están disparadas desde la dulzura de alguien que tiene esperanza al final, no al comienzo.
“Soy el que comienza a no existir
Y el que solloza todavía
Es horrible ser dos inútilmente”.
¿Por qué esperanza aquí? Porque es justamente en esa lucidez de la dualidad cuando se puede decir que el lenguaje y el ritmo marcan una realidad que hace sospechosa a todas las demás cosas que forman el cotillón del vivir.
“Así es la vejez: claridad sin pensamiento”.
Fue antifranquista de fuste, tuvo períodos de silencios de hasta siete años y antes de comenzar a pisar vestido de poesía las calles, estuvo 24 años con el traje de bancario.
Su poesía ha provocado más estudios y monografías casi que su propia obra. Pero siempre lo recomendable es entrar a su palabra cruda. Por cualquiera de sus puertas de todas las épocas: “La tierra y los labios”, “Sublevación inmóvil”, “Blues castellano”, “Descripción de la mentira”, “Libro del frío”, “Libro de los venenos”, “Arden las pérdidas”.
Gamoneda nos hace sentir en serio, pero con placer. Nos ofrece ese desgarro oxidado que siempre tratamos de esconder para saborear con nostálgico silencio de abandonado. Nos descubre en la más propia de las melancolías y nos hace un guiño de supervivencia. No para que nos alegremos banalmente, sino para que cerremos los ojos con más convicción.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Microrrelatos y canto en el Mapda



El sábado 6 de noviembres, desde las 20, se realizará en el Museo “Dámaso Arce” una lectura de microrrelatos y en la ocasión se presentará el libro “El espectador inmortal”, de Guillermo Del Zotto con ilustraciones de Daniel Fitte. Participará además el coro de la Facultad de Ingeniería que dirige Juan Loza.
“El espectador inmortal” fue presentado en la última edición de Libros en Olavarría. En esa oportunidad el poeta de Azul Roberto Glorioso expresó de la obra que “mi salvedad hace en estas microficciones un detalle para que a esta hora del mundo, crucial y bombardeada, un riguroso tratamiento del idioma accione los goznes del futuro y nos disponga en el muelle donde las naves de rescate propician para nuestra costa la carnadura del viaje. Atrevernos a partir del punto final de Del Zotto, a encarnar nuestra ficción como desafío contemporáneo”.
La periodista Silvana Melo, por su parte, apuntó que “en un par de líneas Guillermo del Zotto puede enunciar los interrogantes medulares de la esencia de la vida. Sin el soberbio intento de responderlos. Ese par de líneas inquietantes son una perfecta resultante literaria. (…) Entonces queda lo esencial. Lo brevísimo. Donde puede decírselo todo sin arborizar, sin imágenes alambicadas, sin adjetivaciones que finalmente se secan y se caen, como las ramas enviciadas de las plantas que no tienen vida propia”. Y añade: “cada dibujo de Fitte preanuncia los textos. Y cada texto llevará al lector atrás, porque el dibujo le reaparece como presagio”.
El Coro Universitario de Olavarría que actuará en la presentación, es dirigido actualmente por Juan Manuel Loza desde el 2003, ha tenido directores como Arturo De Felice y Eduardo Correa reafirmando a la Universidad como propulsor cultural. El coro ya ha actuado en diferentes encuentros corales, en escuelas olavarrienses, en la Universidad y también ha cantado en distintas ciudades como Paraná, Tandil, Colonia Hinojo, Coronel Suárez, Sierras Bayas y Laprida, promoviendo de esta forma e ldesarrollo cultural tanto de la Universidad como de la comunidad en general.
En esta oportunidad el repertorio incluirá “Babylon`s Falling” (negro spirituals), “Los pensamientos” (Saúl Salinas), “Parindé” (Tradicional de Honduras) y “A que florezca mi pueblo” (Damián Sánchez - Rafael Paeta).

lunes, 18 de octubre de 2010

Ciclo “Atril Abierto” en el Centro Cultural


El viernes 29 de octubre, desde las 20.30 en el auditorio del Centro Cultural “Hogar San José”, se realizará una edición del ciclo “Atril Abierto”. La propuesta es un encuentro de “poesía, música y humores” coordinado por Guillermo Del Zotto y Alberto Sánchez Graf. Y en esta ocasión actuarán los músicos Juan Loza y Roberto Roselló. La modalidad de atril abierto es una invitación para que el público se acerque con textos breves, propios o ajenos, para participar de la lectura.

sábado, 9 de octubre de 2010

Minificciones


"El escenario sabe que, por más que cambien los elencos y las propuestas, la obra es siempre la misma. Y el público, aún cambiante, también lo sabe. Pero se dejan engañar. Para que la vida no sea esa trampa odiosa y predecible. La que ningún apuntador se anima a corregir certera y definitivamente".