domingo, 31 de julio de 2011

Virtuosismo


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Es músico. El instrumento no importa. Ha logrado ejecutarlo como un simple transporte de lo que quiere decir con la música. Así como un golfista sabe que debe olvidarse de la pelotita cuando realiza el swing, él cree en la música como prolongación de sus sentimientos. Y el instrumento se hace así invisible.
Llega cada quince días a la estación de ferrocarril en la que debe esperar la hora de su clase particular. Durante cuatro años ha viajado para perfeccionarse. Sólo conoce del pueblo la estación y la casona donde estudia.
Su golosa curiosidad lo llevó a investigar otras artes para enriquecer su camino al virtuosismo. Así, leyendo sobre las Bellas Letras, ha encontrado un párrafo de los formalistas que ahora relee mientras hace tiempo hasta la hora de la clase: “A ama a B, B no ama a A; cuando B comienza a amar a A, A no ama más a B”. Esa falta de coincidencia hace girar al mundo, a las óperas, a las novelas, al cine.
La tarde de diciembre ahora declina. Hoy es una clase especial. De composición. El se encamina hacia la casona.
El verano redondea la belleza de su profesora. Como siempre, casi sin hablarse, comienza a ejecutar las notas. Esta vez con carácter de examen final.
Entre ejecutante y examinadora se entabla el diálogo:
El dice:
-“Hace cuatro años que sólo respiro cuando te veo”
Ella escucha en clave de sol:
-sol, sol, la, si, si, do, re, mi, si, re, do, si, la, do, si, la, sol.
El siente en la yema de los dedos:
-“Esta música me acercó a la pasión y hoy me aleja de vos al rozar la perfección”.
Ella oye:
-sol, sol, la, si, si, do, re, mi, re, si, re, do, si, la, si, la, sol.
El incorpora una variación:
-“¿Por qué sólo puedo besarte con el alma sin lograr que nuestros cuerpos se hagan uno?”
Ella percibe:
-sol, re, sol, la, si, re, si, do, re, re, mi, re, si, re, re, re, re, re, do, si, la, re, re, re, do, re, si, la, sol, re, re, re.
Termina la última clase del año. Se despiden para siempre con los ojos humedecidos, cada uno por motivos diferentes.

sábado, 30 de julio de 2011

Del infierno al cielo




Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
“!El orgullo de Rimbaud! Un satanismo que lo lanza a lo angélico”. Define Julio Cortázar. La opción final por el delirio místico de muchos autores que ahora una mirada postmoderna analiza simplificando como esquizofrenia. Lo cierto es que detrás de las grandes obras universales hubo almas que pasaron del infierno al cielo. Quizás como exagerado costo.
El caso del poeta francés Arthur Rimbaud es tomado como el gesto absoluto. En el sentido que utilizó un par de años de su casi adolescencia para la revulsión completa de la poesía. Para luego emprender el viaje que lo llevó a traficar esclavos y no acercarse nunca más a la palabra escrita. Ajusticia Cortázar: “¿Por qué no se mató Rimbaud? Es que, en realidad, se mató. Lo que queda de él es una costumbre de vivir, de viajar; un recuerdo corporizado, un retrato vivo”.
Más allá de este gesto que se completa, hay muchos casos en los que la metamorfosis continuó desarrollándose en los cuerpos que a su vez creaban el cuerpo de la obra.
Nicolai Gogol, el gran novelista ruso, sufre el cambio tan intensamente cuando revisa la segunda parte de “Almas muertas”, que “sus preocupaciones y autorreproches con ansiedades hipocondriformes y místicas” lo lleva a “un arrebato de autoexecración” por lo que decide quemar los originales de la segunda parte de su novela. Y muere “finalmente tras continuado ayuno y rechazo de cualquier alimento”. ¿Depresión psicótica? Es una síntesis científica e injusta quizás.
Por su parte, la transformación de Hermann Hesse de “Demian” a “La ruta interior” sucede sobre una ruta más suave y armoniosa. Por suerte dejó una extensa autobiografía y es mejor remitirse a las fuentes: “Cuando empezó a manifestarse el nuevo cambio en mis escritos y en mi vida, muchos de mis amigos sacudieron la cabeza. Muchos también me dejaron. Esto formaba parte de la imagen cambiada de mi vida, igual que la pérdida de mi casa, de mi familia y de otros bienes y comodidades. Fue una época en la que cada día me despedía, y cada día me asombraba de poder soportar también lo que me seguía pasando y seguir viviendo, y de seguir amando siempre algo de esta extraña vida que sólo parecía traerme dolor, decepciones y pérdidas”.
Alguien que decidió ser evidente en sus cambios a través de sus poemas y dibujos fue William Blake. Como un Rimbaud interesado en que los demás se enteren. Quizás por eso ya en 1793 declara casualmente en “Las bodas del cielo y el infierno”: “Si las puertas de la percepción se depurasen,/todo aparecería a los hombre como realmente es: infinito./Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver/todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna”.
Dostoievski, otro atormentado cambiante, alguna vez ayudo a su propio vértigo esgrimiendo que “el corazón del hombre es el campo de batalla entre Dios y el Diablo”. Todo parece indicar que lo único que cambian son los recaudos y que permanece inexorable el camino.

martes, 26 de julio de 2011

Navigare necesse est, vivere non necesse




Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Horas muertas en una terminal. Situación que a nadie le gusta atravesar y menos en viajes de placer. Como si el placer fuese una sustancia con fecha de vencimiento que late en el lugar de destino y comenzara a diluirse a partir del aviso de la mecánica voz que anuncia la cancelación de un servicio.
Uno de los viajeros se separó de la fila fastidiada que acaba de recibir la noticia de un atraso de dos horas. Era visiblemente el más irritado y, además, con el gesto permanente de quienes no aguantan demasiado tiempo sumergidos entre la gente. Por eso buscó lugar lejos de los bancos llenos de personas negadas a un hogar y que tienen junto con sus frazadas un atado de oportunidades perdidas.
En la otra punta de la fila que encontró más desocupada, alguien lo observó desde que abandonó al contingente. Se acercó y le dijo secamente:
-Entiendo su enojo. Yo tampoco soporto este tipo de interrupciones. ¿Adónde va?
Dudó en entablar la típica conversación de circunstancia. Pero ciertas marcas de viajero en el rostro del interrogador lo llevó a contestar:
-Mendoza.
-Es el mejor momento, después de la fiesta de la vendimia. Los hoteles Vechia Roma, Nutibara o el Solaz de los Andes tienen un servicio ideal y al mejor precio- le dijo casi sin esperar a que termina la respuesta.
-Conoce mucho, parece…
-Vivo viajando. Le repito que estas demoras son como un paréntesis insoportable para mí. Si sigue para el norte le recomiendo Cataratas del lado brasilero y el hotel Dom Pedro, con piscina climatizada incluida en el precio por noche.
-¿Usted dónde va? ¿Qué demoras tiene?
-Lo mío es un poco más complicado. Me quedó la billetera en el micro que seguía para Bariloche. Me dijeron que la recuperarían. Pero debo esperar al menos veinticuatro horas. Si al menos pudiera llegar a Bahía Blanca esta noche. Ahí me esperarían con la billetera y podría terminar el periplo. Hice Carlos Paz clásico, Merlo, pasé por Mendoza y me esperan los glaciares…
Hizo una pausa con la que pareció cargarse de angustia, para luego decir:
-No debería contarle, pero es muy probable que sea mi último viaje. Mis últimos análisis de artrosis dieron bastante mal.
Algo hipnótico en la mirada del narrador había logrado que se le alejara un poco el fastidio. Y sin darse cuenta preguntó:
-¿Cuánto sale el pasaje a Bahía Blanca?
-Ciento treinta pesos.
Y dio otro paso:
-Tome. Tenga el dinero. Yo llevo reservas y usted me devolvió el entusiasmo. Quedamos a mano. Aproveche a llegar cuanto antes.
-Juro que se lo voy a devolver. Deme sus datos. Es usted un viajero ideal. Verá que estos gestos siempre se devuelven.
Hubo un apretón de manos. El megáfono anunció que el servicio a Mendoza había sido restituido. Se despidieron en el andén y los demás los confundieron con dos amigos que se ven de cuando en cuando.
Cuando el micro se sumergió en la noche, el narrador pidió en el bar un suculento café con leche y medialunas. Calculó que con el resto del dinero podría repetir ese placer en los próximos tres días. Antes de comenzar a hojear el último folleto de turismo, miró alrededor y alzó un suspiro.
De alguna manera ama ese lugar de ochocientos metros cuadrados del que nunca salió.

domingo, 17 de julio de 2011

Amigos que dan la palabra




Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Eramos cinco. Las diferencias de edades habían operado en la sobremesa de la cena como bálsamo para que los temas fueran confluyendo en una calidez armoniosa. “No hablamos de mujeres, ¿te diste cuenta?” había bromeado días después uno del grupo.
Había en la reunión dos que no se conocían entre ellos y uno que sólo conocía al dueño de casa. Situación que sólo duró los escasos minutos de la picada. El aire fresco de afuera congelaba una luna remota por el frío. Pero brillante como la lámpara de un cuento de las mil y una noches. Se diría que en ella rebotaba la luz de un encuentro placentero donde la charla avanzaba como una canoa en un río del Amazonas.
Sin embargo, cada traje de piel guardaba debajo sus revoltosas corrientes. A veces se escapaba, disfrazado de frase tanguera, algún achaque. O, según la edad, una urgencia existencial, una pasión incumplida. Cada problema mencionado era atendido por el resto en una especie de cofradía sobreentendida. Eran salvatajes menores hasta que a uno se le ocurrió insinuar las dolencias de un mal de amores. Sin nombres ni protagonistas. Fue cuando la lámpara pareció enfriarse de respuestas. Como si esa dolencia no figurara en el vademecum de la amistad.
Entonces, quien menos había hablado en toda la noche, pronunció la palabra que a su entender produciría la cura. Una palabra que cayó en la mesa como si hubiera derruido agua fresca, nueva, esperada. Agua con la fuerza de un buen vino. Las demás palabras ya dichas comenzaron a pudrirse instantáneamente. Y las que aún no habían sido dichas emprendieron camino gargantas adentro. Avergonzadas. Pude ver en las bocas de todos una extraña forma de cerradura carnosa. No se dijo mucho más. Y nos despedimos.
La palabra era brillosa y a su vez raspaba al pronunciarla. Tenía once letras y era muy bonito decirla. Había causado efecto en los demás, aunque nadie supiera bien el significado.
El enloquecido de amor fue quien más se dedicó a rastrearla. Era un término de la psicología que se refiere a una capacidad para sobreponerse de las dolencias emocionales. El grupo no continúo, o al menos no se sigue reuniendo con todos los integrantes.
El loco de amor está mucho mejor. Pero entendió que la cura no proviene del arte de sobreponerse psíquicamente de la dolencia emocional. Ni de la continuidad de un grupo de enamorados anónimos. Sino de dar la palabra. La que sirve en el momento que hace falta. Ahora calla en las reuniones, hasta que alguien la necesita. Entonces la pronuncia ensayada, impostada, pero efectiva.

miércoles, 29 de junio de 2011

Historia de una confesión



Discépolo, artesano de antihéroes

Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Como en una buena película o en una buena novela, en la canción también existen recursos –muchas veces sólo intuidos por sus autores- que logran su inmortalidad. Está claro que Enrique Santos Discépolo lo logró en varias oportunidades. Pero en el caso del tango “Confesión” hay parámetros de construcción que la colocan en un podio imbatible.
Se debe tener en cuenta que este tango canción, estrenado el 16 de octubre de 1930 como pieza de una revista que protagonizó Tania, fue cantado luego por Carlos Gardel, Julio Sosa, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche. Los tres con su propia impronta. Y no son muchos los tangos con el destino privilegiado de haber pasado por esas cuatro gargantas.
Más allá de la ruptura musical que el especialista Sergio Pujol explica muy bien en su excelente biografía sobre Discépolo, “Confesión” cuenta una historia como un cuento perfecto y además la letra gira en círculos como una eterna escena final de película memorable.
En la palabra abnegación quizás resida parte del secreto. Este valor imposible de encontrar ya en gestos humanos reales, es sin embargo una figura literaria a la que se le puede sacar jugo: alguien hace algo por otro y luego cuida que no se entere nunca. Entonces el espectador/lector se convierte en el único cómplice de esa altísima ofrenda. De ahí también el gran acierto en el título del tango de Discépolo.
Sería casi una traición explicar la letra aquí sin antes recomendar buscar en youtube cualquiera de las cuatros versiones que mencionamos antes. Como casi todos saben, el tango habla de alguien que se hace odiar por la mujer que más ama. Esquizofrénico, si se quiere, la golpea y luego “me arrincono para llorarte”. El punto es que ella nunca sabrá que fue para salvarla de su propio rodar cuesta abajo. Y sigue: un año después la ve “linda como un sol”. Se muerde para no llamarla. Y, pleonasmo de la abnegación, se alegra de quien la puede disfrutar así porque se la merece (“me justifica el verte hecha una reina”).
Dice Sergio Pujol: “obviamente, la confesión no tiene destinatario (…) Y en la imposibilidad de comunicación reside el efecto teatral de Discépolo (…) como mostrar (al público, aclara) una carta que nunca llegará a destino”. Está muy bien esto de definir como “efecto teatral” el gesto de Discépolo. Pero no es sólo una demagogia sentimental lo que está en juego. Así como Roberto Arlt nos enseñó que Dostoievski podía reencarnarse en la avenida Corrientes con un porteño nihilismo a estrenar, Discépolo también bebedor de esas aguas (junto con Nietzche), sabe usar sus lecturas de manera magistral. Tanto como para encerrar en dos minutos una historia con todos los ingredientes de una novela de amor y de ideas.
Pujol compara a este personaje de “Confesión” con otros de Discépolo y explica: “Nuevamente, la conciencia es lo único que queda, el amuleto al que se aferran los fracasados, una paradójica moral que no está dispuesto a entregar fácilmente”.
La conciencia. Sin ese tesoro está claro que no existe la abnegación. Que destila un placer líquido (se supone que debe haber placer) como el de una venganza pero al revés. Con esa certeza en medio de la perdición comienza la letra del tango:
“Fue a conciencia pura que perdí tu amor”.

miércoles, 8 de junio de 2011

La balada del oficinista


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Nunca sabremos si la oficina es un invento de Franz Kafka para urdir sus tramas o una derivación natural del progreso de la burocracia. Lo cierto es que con obras como “Ante la ley”, el autor de “La metamorfosis” logra con una brevedad admirable una definición para el bronce de ese laberinto cotidiano que alguna vez padecimos todos. De ambos lados del mostrador.
Si la oficina fuese de origen divino, podríamos conjeturar que es el adelanto en cuotas del purgatorio. Pero en un largo recorrido por los grandes escritores universales, podemos ver que en realidad ha sido una de las fuentes inagotables de inspiración. Y también estamos hablando de ambos lados del mostrador, ya que un gran número de ellos fue oficinista hasta que pudo (mal) vivir de la escritura.
El oficinista poeta por antonomasia es Fernando Pessoa. No sólo por su monumental obra sino porque además fue oficinista hasta las últimas consecuencias. No se puede concebir el desangrado de sus poemas sin mezclarlo con la tinta que usaba junto al patrón Vasques.
Pessoa, a pesar del efecto de sus múltiples personalidades poéticas, logra conmover más con su tarea habitual, rutinaria. Nosotros queremos que ése que nos cuenta los desgarros del Libro del desasosiego sea un oficinista al que apenas le quedan horas a la noche para escribir. Lo mandamos como un minero a la oscuridad y lo esperamos a la vuelta para que nos tire cachetazos de barro con luz. La locura irreal y cotidiana que enfrenta Pessoa en Portugal es lo que hace creíble y única a su literatura.
Hay un relato titulado “El cocodrilo” de Fedor Dostoievski que marca un quiebre en su obra, hasta para los más estudiosos. Pero más allá de sus características de un adelantado surrealismo, la trama propone el interior hueco de un cocodrilo para refugio de un oficinista cuando rumbo a su trabajo es tragado por el animal. La burocracia, gran tema ruso, sin duda ha llegado a su esplendor en una de las mejores novelas de todos los tiempos: “Las alma muertas” de Nicolás Gogol. Pero del relato de Dostoievski, dice el poeta argentino Aldo Pellegrini que el autor busca “poner de manifiesto la voluntad que lo anima a salvar por vía del humor sarcástico la posibilidad misma de ser hombre en plenitud. (…) esa criatura humana encerrada en el vientre del cocodrilo sigue razonando (…) un alegato ideológico, la necesidad de restituir a su condición a todos los hombres en todos los aspectos de la existencia”.
Guy deMaupassant, sólo por mencionar uno más de la gran lista de oficinistas conversos, marca con su nouvelle “La herencia”, el camino de salvación al salir de ese hormiguero que es el Ministerio de Marina. Sale de allí en primera persona y utiliza todo el material: hipocresía, cinismos y traiciones. Que suele anidar en aquellos rincones en estado puro.
Roberto Arlt, podríamos decir que hizo un giro metafísico al término oficina. Lo instaló como el lugar que no deja trabajar en paz pero que al mismo tiempo hace ese “ruido de fondo” necesario para que lo que uno escribe realmente respire. Trasladó el concepto de oficina nada menos que a la redacción de un diario protestando en sus prólogos por tener que escribir en medio de tanto ruido.
Hay quizás un “oficinismo” histérico cuando los escritores construyen ese ambiente-excusa que no les permite crear pero que al mismo tiempo los motiva para la letra rebelada. De todas maneras el lugar ideal no existe. Lo dice Bukowski en su poema cuando cuenta que al fin tiene “luz, espacio y tiempo” para escribir. Pero no qué.

jueves, 28 de abril de 2011

Jornada Ferial de Microficción

Por tercer año consecutivo, se realizará la Jornada Ferial de Microficción en el marco de la 37a. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, coordinada por el escritor y antólogo Raúl Brasca. Será el día 3 de mayo, de 18:30 hs. a 22:00 hs, en la sala Roberto Arlt.
Como novedad, este año habrá un invitado especial extranjero, don Agustín Monsreal, que llegará especialmente desde México para participar en la Jornada. Además de los altos méritos que ostenta como cuentista y microficcionista, Monsreal formó parte del consejo de redacción de la legendaria revista El Cuento que también integraron Juan Rulfo y otros próceres de la literatura mexicana. El Cuento reconoció de hecho la microficción antes de que lo hiciera la Academia, y sus páginas dan cuenta de su desarrollo.
Además, junto con algunos autores emergentes, participarán Ana María Shua, María Rosa Lojo y Eugenio Mandrini. También hará su presentación en sociedad la flamante Asociación literaria Dr. David Lagmanovich.
Una vez más, la Internacional Microcuentista estará cubriendo el evento para traerles toda la información relacionada al género. A continuación, detallamos el programa completo de la Jornada:


* 18.30 hs.
Presentación
* 18:40 a 18:45 hs
Lectura del texto de presentación de la Asociación Literaria Dr. David Lagmanovich
* 18:45 hs
Mesa de Lectura: María Rosa Lojo (Pcia. de Buenos Aires), Mariángeles Abelli Bonardi (Neuquén), Horacio de Azevedo (Ciudad de Buenos Aires), Guillermo Del Zotto (Pcia de Buenos Aires). Coordina: María Rosa Lojo.
* 19:30 hs
Entrevista con Agustín Monsreal. Entrevistadores: Ana María Shua y Raúl Brasca
*20:05 hs.
Receso
*20:25 hs
Mesa de Lectura: Nélida Cañas (Córdoba – Jujuy), Julio Estefan (Tucumán), César Antonio Alurralde (Salta). Coordina: Julio Estefan
*21:00 hs
Mesa de lectura: Eugenio Mandrini (Ciudad de Buenos Aires), Eduardo Gotthelf (Neuquén), Monica Cazón (Tucumán). Coordina: Mónica Cazón
*21:35 hs
Mesa de Lectura: Agustín Monsreal, Ana María Shua
*22:00
Cierre

miércoles, 27 de abril de 2011

Obras de Daniel Fitte en Azul




Como un artista de preguntas lo definió Héctor Joaquín García a Daniel Fitte cuando allá por el 2001 expuso su obra en el Museo López Claro de Azul. Era una etapa que promediaba su madurez con la pintura y comenzaba a asomar fuertemente su tendencia al arte conceptual, sobre todo basado en objetos. Hay muchas nuevas miradas desde entonces. Y el próximo domingo 1 de mayo, en el azuleño Espacio de Arte Oliva Drys, será inaugurada una muestra con sus últimas pinturas.
Después de varias muestras en la ciudad de Buenos Aires, Daniel Fitte fue dándole forma a nuevas obras personales en medio de dos trabajos de gran exposición: el monumento homenaje al Trabajador del Cemento en Sierras Bayas y la obra Sendero de la Memoria que será inaugurado en los próximos días en el campus universitario de nuestra ciudad.
“Puedo decir que Sierras Bayas es a Fitte lo que a Quinquela Martin La Boca”, expresa el profesor Silvio Oliva Drys para de alguna manera dar la bienvenida a esta nueva exposición que tendrá justamente una base de paisajes y cardos de la ciudad natal del artista. Precisamente de esa mirada agrega: “Fitte evoca y nos presenta con luces y sombras las silenciosas presencias del paisaje a los que rinde homenaje. En sus cardos y piedras arremete desde las vísceras sobre el soporte, fuertes y seguros trazos marcan su impronta, los da quien ya conoce el oficio, la técnica y así su pintura adquiere la dimensión de obra plástica, de la pintura-pintura”.
En esta muestra que se desarrollará durante todo el mes de mayo seguramente se podrá apreciar el espíritu de obra que Oliva Drys sigue sintetizando así: “una diversa producción –dibujos, instalaciones, pinturas o ensambles- donde es frecuente encontrar un ´cierto clima metafísico´ que subyace y así nos introduce a una experiencia de memoria, del acontecer y devenir de la existencia humana. Del trabajo, del obrero, de los vestigios, de la piedra convertida en hombre y el hombre convertido en piedra, del alma de los cardos y todo lo que su sensibilidad aborda”.
Una mención merece también el catálogo que se realizó para esta ocasión. Con una delicada mirada que incluye sutilezas y blancos propios de la obra de Fitte, la publicación recoge la observación de colegas y críticos con textos que van dibujando la búsqueda del artista y la encierran en una síntesis que no por parcial deja de reflejar una justa apreciación. Con certezas pero también con preguntas que insinúan lo más importante: se trata de una obra que está viva.

lunes, 18 de abril de 2011

“Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo”



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
La mujer quizás sea el ser que más capacidad tiene para ofrecer variantes de compañía. Las múltiples formas que domina para hacerse necesaria son difíciles de lograr en otro rango de humanidad. Y más allá del traslado de complejos y debilidades que podamos hacer cuando esa necesidad es de una sed insoportable, también hay modos de representación que no requieren el cuerpo, disimulan distancias e ignoran idiomas. Uno de esos casos es Wislawa Szymborska. Claro que al pronunciar ese nombre, viene con él su poesía.
¿Por qué nombrar a la poeta y no a su obra como necesaria? Precisamente porque al leerla se lee su rostro y al mirar una fotografía suya se ve su poesía en los dulces surcos de la cara.
Nació en Polonia en 1923. Con esa feminidad que destacamos, atravesó esa porción del siglo, en esa porción de la Tierra. Cuando faltaban cuatro años para comienzo de este milenio disparado como un torpedo, en 1996, ganó el Premio Nobel de Literatura. Y llega a nuestros días para todavía ofrecer sus pasos sobre la Tierra, en la que deja como semillas de eternidad sus versos naturales.
Wislawa, con las características que mencionamos al principio, es una mujer que no necesita presentarse más que con dos versos. Y con el tercero ya sostener nuestra atención para leerla con la concentración que requiere un sombrero para ser sostenido mientras arrecia el viento. Ya en el tercer verso, o al segundo poema, sabremos que no hace falta leer nada más. O que al hacerlo estaremos conociendo un poco más el abanico de sus caricias universales.
Así nos invita, por ejemplo, a pensar la poesía como un sabor: “A algunos les gusta la poesía. /
A algunos/es decir, no a todos./Ni siquiera a los más, sino a los menos. /Sin contar las escuelas, donde es obligatoria, /y a los mismo poetas,/serán dos de cada mil personas./ Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos, /como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda, /como les gusta salirse con la suya,/como les gusta acariciar al perro.//La poesía,/pero qué es la poesía./Más de una insegura respuesta/se ha dado a esta pregunta./Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro/como a un oportuno pasamanos”.
Pero además de su poesía y de su prosa, desde 1996 brilla también el discurso que ofreció al recibir el máximo galardón para quienes escriben. Wislawa, como “mina piola” que uno quiere de compañía, tiene un dominio de la ironía que es el de usar el bisturí escondido en la manga. Por eso habla en el discurso de la dificultad del poeta para presentarse ante la sociedad cuando le preguntan ¿qué hace, a qué se dedica? De cómo la estructura actual de representaciones impide, por ejemplo, una película biográfica de un poeta (“uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada, ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?”). De la imposibilidad de mostrar al poeta como alguien con un oficio tan “explicable” como cualquier otro. Claro, parece que el mundo está muy seguro de no querer preguntas. Por eso también rescata el “no sé” como una gimnasia totalmente necesaria para construir la obra, la de cualquier artista.
A esta “artista”, ebanista de las palabras mundanas y contemporáneas a las que seca las cáscaras hasta descubrir lo imprescindible, se la puede empezar a conocer con la obra “Poesía no completa” editada por el Fondo de Cultura Económica. Y tener esa voz y esa sonrisa que supo imaginarse, por ejemplo, al bebito Adolfo en el poema “La primera foto de Hitler”.
Wislawa, nombre con sonido de manantial, dijo también que durante un siglo no ocurren más que dos o tres cosas importantes. Que nazcan poetas como ella debe ser una de esas cosas. Y muy necesarias si tenemos en cuentas las palabras finales de su discurso del Nobel: “De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como ´la vida común´, ´los acontecimientos comunes´... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo. Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo."

domingo, 10 de abril de 2011

“Los mitos griegos no son políticamente correctos”


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
“Les propongo entrar al más extraño y oscuro de los laberintos: el de la imaginación humana”. Ese es el desafío y convite que hace Ana María Shua en su última producción, editada por Alfaguara y pensada para hacer conocer los mitos griegos al público infantil.
Shua, quien además de novelista y autora especialista de minificción (prepara un nuevo libro del género para setiembre), también tiene un gran camino recorrido en la mente del lector pequeño. En este caso con “Dioses y héroes de la mitología griega”, la idea es precisamente abordarlos dese su experiencia en la “traducción” al lenguaje de esos consumidores especiales. Dice también en el prólogo justificar ese “otra vez” de los mitos porque “son extraños y maravillosos, pero también familiares y cercanos. Porque están vivos”.
-Teniendo en cuenta la invitación que haces en el prólogo , “¿considerás que es el miedo el primer disparador de la imaginación?
-No, en absoluto. La imaginación humana es un extraño y oscuro laberinto en el que hay jardines y selvas, cuartos iluminados, mares insondables, pelusas, rocas y torres de petróleo. No todo es terrorífico, no todo es feliz, pero todo es imprevisible. Los mitos griegos son tan intensos que consiguen hacernos vibrar cruzando el tiempo y el espacio con su carga de asombro y maravilla.
-¿Cómo fue esa experiencia de lectura de “El tesoro de la juventud” que explicás como disparador de esta obra y cómo fue revivirla de adulto para elaborar los textos?
-“El Tesoro de la Juventud” era un libro que yo adoraba. Lo desee mucho y finalmente me regalaron en una noche de Reyes, como a los nueve o diez años. Traía su propio mueblecito, porque eran veinte tomos, era un libro ya muy anticuado para mi época. Pero además de “El libro de los Por qué” y el “El libro de las narraciones interesantes”, “El Tesoro de la Juventud” incluía muchas historias de mitología griega y romana, que yo disfrutaba enormemente. Mis padres se divertían con mi interés por los dioses y los héroes, y a veces me tomaban lección (con el libro abierto, porque ellos no sabían tanto) para ver si realmente me había aprendido esos nombres raros y lo que querían decir. Fue enormemente placentero releer varias versiones de los mitos para revivirlos una vez más.
-¿Cuál es el poder de los mitos griegos para seguir hoy vivos, como decís, y seguir representados con distintas variantes pero el mismo trasfondo?
-Los mitos griegos cuentan historias humanas, llenas de calor, de emoción. No son políticamente correctos, no tienen explicaciones para todo, no son moralistas. Nos hablan de los malos y los buenos sentimientos. Los dioses y los héroes son buenos y malos al mismo tiempo, son valientes pero codiciosos, son generosos pero imprudentes, son alegres pero egoístas. Muchas veces no hay una explicación razonable para sus actos, como le puede pasar a cualquiera, ni ellos mismos saben por qué se están comportando así. Por eso, y por la loca imaginación que los anima, porque tres ancianas marchitas pueden compartir un ojo y un diente, porque hay monstruos que tienen cincuenta cabezas y cien brazos, porque una mujer con cabellos de serpiente puede convertirte en piedra con la mirada, por todas esas razones seguirán estando siempre vivos y al acecho, listos para lanzarse sobre el lector y atraparlo una vez más.
-Alguna vez has opinado que las fronteras entre literatura para adultos y para niños son difusas. ¿Cómo experimentaste este concepto a la hora de armar estos textos? ¿Qué voz narradora elegís para hablarle a los más chicos?
-Las diferencias son muy claras cuando uno se encuentra en mitad del país. Un cuento para un chico de seis años no es para adultos, punto. Pero cuando uno se acerca a las fronteras, diez, once, doce años, no hay tantas diferencias. Un libro para chicos es un libro que también le interesa a los chicos. No tuve que pensar mucho cómo contar estas historias, me guié por mi intuición como escritora. Cuando un autor dice que escribe para sí mismo, no quiere decir que no le interese publicar, sino que uno mismo es su primer lector. Yo traté de escribir los mitos griegos como a mí me hubiera gustado leerlos cuando era chica.
-¿Qué podés adelantar del libro “Fenómenos de circo” que se publicará en setiembre?
-Es un libro de cuentos brevísimos, no más de una página cada uno. Todos tratan de diversos modos sobre el tema del circo y muchos están basados en historias reales. Tanto que decidí incorporar una sección en la que aparecen minibiografías de las personas reales mencionadas en el libro. Quiero que se distingan de los personajes que yo inventé. Estoy muy contenta, lo estoy terminando ahora, después de muchos años de trabajo y me gusta cómo quedó.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Más allá de los 18 whiskies






Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Hay frases inoportunas. Y más inoportunas se convierten sin son las últimas que se dicen. Claro que depende mucho sobre que traje caerá esa mancha. No miraremos aquí aquellas que realmente superaron a la persona o al personaje. Sino, por el contrario, las que por misteriosas razones del tiempo y sus caprichosos sellos, minimizaron figuras. Vale decir que, en muchos casos, las frases fueron buscadas en su efecto. Actitud que se podría sintetizar con una frase hecha: “se cavaron su propia tumba”. Pero en muchos casos, los autores de las frases que hoy siguen con sus ecos, son víctimas de lo que quedó en el tamiz.
Seguramente la mayoría de los autores que citaremos, de haber tenido como última voluntad elegir la frase con la que recordarlos, no hubieran elegido la que hoy subyace.
¿Sabía el poeta Dylan Thomas que iba a morir inmediatamente después de decir “He bebido 18 vasos de Whisky, creo que es todo un récord”? Sin ser médico, probablemente haya tenido una idea de que podía pasar. Pero el caso es que su frase no sólo lo conserva sino que fue (o es) por ejemplo, el título de una revista literaria. Bien. ¿Eso es lo mejor que dijo Thomas para quedar plasmado? ¿Y dónde quedan versos suyos como “Y la muerte perderá su dominio./Los muertos desnudos serán un solo muerto./(…)/Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor/Y la muerte perderá su dominio”
Algo similar ocurre con la tan mal citada “He cometido el peor de los pecados, no he sido feliz”, de Jorge Luis Borges. Mal citada en el sentido de que forma parte de un poema que no es de los mejores de Borges, pero que además corresponde, obviamente, al “personaje” de ese poema. Justamente Borges, quien hizo declaraciones con la precisión de un ebanista, podría tener hoy otros recuerdos.
Hay otras que son evidente búsqueda de efecto: “Madame Bovary soy yo”, de Gustave Flaubert. Claro que es sonora. Pero no todos la leen pensando que en realidad se refiere a que verdaderamente en esa novela dejó toda su sangre de obsesivo prosista. Madame Bovary soy yo en el sentido de “es todo lo que tenía para dar”.
Roberto Arlt, muy enojado con los críticos y por su situación particular de periodista tiempo completo, pone en el final de un prólogo: “Y que bufen los eunucos”. Es el caso de propiedad arrebatada, ya que nos podemos sorprender con que en realidad se trata de un verso de un poema de Rubén Darío. ¿Fue citada sin permiso? ¿Rubén Darío también la tomo cual antorcha de lugares ancestrales?
En ese sentido marketinero, quizás descolle la célebre: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”. Frase de Truman Capote que reemplaza a la adolescente “sexo, drogas y rock and roll”. Y que dio también pie a una falsa etimología del ser escritor. Claro que tuvo sus sucesores.
Pero hay que separar intenciones, como cuando desde una convicción profunda y antes de escribir su mejor obra, el gran Henry Miller declara:“Gracias a Dios no hay más libros que escribir”. Su gran lector crítico, Charles Bukowski, se caracterizó por ser un “frasero” permanente. Pero quizás la que más brillo obtuvo fue “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”, que terminó siendo el título de su biografía más leída. Y a decir verdad, bien elegida porque sintetiza los golpes de efectos de sus otras frases.
Las frases deben tener un comercio con el tiempo y con el medio en que se dice. Evidentemente hay muchas que podrían haber provocado verdaderos cataclismos y no lo hicieron por un error en las coordenadas. Otras hicieron más humo que revolución. De todas maneras hay un ente invisible que las eleva y las torna perennes. Muchas veces encierran en un buen traje al que las dijo. A veces las alcanza a pronunciar en voz alta, como para citar una reciente de José Saramago :“No es que es yo sea pesimista, es que el mundo es pésimo”.
Otras veces son escritas casi sin intención de trascendencia en el medio de un poema. Y se convierten en una belleza abarcativa, como núcleo de los demás sistemas planetarios: “Menos tu vientre, todo es confuso”. (Miguel Hernández).

domingo, 20 de marzo de 2011

La improvisación como estilo





Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Julio Cortázar, Woody Allen y Charlie Parker podrían denominarse como la máxima trinidad de la relación del jazz con la literatura. El primero por su constante admiración en voz alta por el género, el segundo por su inmersión imposible de pasar inadvertida en ambos rubros y el tercero porque, además de la música, ofreció una vida capaz de llenar libros biográficos para todos los gustos y morbos.
Pero, al igual que muchos géneros (literarios o musicales), el jazz no tuvo un patrón genético en la Argentina hasta que el escritor e investigador Sergio Pujol editará “Jazz al sur”. El primer intento de mapa de jazz legítimamente rioplatense.
Pujol, con la vida y obra de músicos como Oscar Alemán, Gato Barbieri, Lalo Schifrin y Enrique "Mono" Villegas descifró los genes que hoy continúan en músicos como Adrián Iaies o Luis Salinas. Es más, quizás fue el generador de una definitiva mirada hacia adentro para elevar a la superficie lo que hoy se denominan “músicas” argentinas. Y que a nosotros en lo local nos toca tan de cerca como la excelente carrera de Andrés Beeuwsaert (quien en su último disco incluye thankas de Borges).
¿Cómo impacta la literatura en el jazz hecho acá? Podemos citar dos ejemplos. El primero si se quiere arrebatando el dilema tanguero de Piazzolla y llevándolo al plano de lo experimental. En este caso junto con la figura in crescendo de Piazzolla se ha creado un rumor en voz baja que es que sus grandes composiciones musicales (incluso en los tangos “puros”) nunca tuvieron letras a su altura. Nunca se le igualó la “poesía” como suele decirse de las letras.
El otro ejemplo tiene que ver con el jazz y el rock. Y aquí literatura y jazz-rock llegan a su máxima combinación con Luis Alberto Spinetta. Incluso los excelentes músicos de jazz actuales recurren a versiones y reversiones de él para sacar brillo a sus Cds.
Pujol, que humildemente dice que “con ´Jazz al sur´ tuve la suerte de contar con una historia que no estaba publicada”, no ha dejado descuidado el fenómeno. Ha confesado que “una nueva generación de solistas ha subido a escena. Quienes la integran no son parricidas, pero comparten entre ellos algunos rasgos ´epocales´, por decirlo de algún modo: componen lo que tocan - o mejor dicho, improvisan a partir de originales-han estudiado rigurosamente la mecánica de sus instrumentos”.
Y de este “viento a favor” del nuevo jazz dice “ojalá dure toda la vida. Lamentablemente, algunos nubarrones asoman en el horizonte: pocos lugares para tocar, escaso apoyo estatal y una sobreabundancia de oferta cultural, a punto tal que hasta el crítico más informado carece de tiempo y espacio para dar cuenta de todo. De cualquier modo, confiemos en el vigor de un arte libre y testarudo, acaso la única música de nuestro tiempo capaz de seguir creciendo sin los créditos del mercado. Finalmente, tres o cuatro tipos tocando sin red y sin mayores cálculos ya son un hecho jazzístico”.
Ahora bien, ¿cuántos autores tomaron las páginas en blanco para pegarle a las teclas como si hicieran jazz? Quizás podemos apoyarnos en Allen Ginsberg cuando habla de su colega Kerouac: “sabía de espontaneidad y jazz, no tener miedo y ser amable. Sus Blues and Haikus permanecen para mí como la grabación clásica de toda la era de la poesía jazz beat: pronunciación enérgica, profundo color de las vocales y dentellada consonante, exquisita inteligencia consciente en cruzar la lengua contra los dientes con labios abiertos. Su dicción maravillosa, aprendida a primera vista de Shakespeare, el color de su festiva, sofisticada, mundana, ´indulgente y amplia inflexión poética´, como él anotó que era la mente de Charlie Parker”.
Y no podemos terminar sin descubrir los genes propios en este tipo de intentos. En Argentina existió Néstor Sánchez, el autor de Siberia Blues que “hizo jazz” intentando por medio de sus ejercicios de improvisación “procurar que la prosa fuera nada más que una excusa para llegar a la poesía”.
Un recurso que no pasó inadvertido en otros autores, considerando esta declaración de Enrique Vila Matas: “en realidad, imitaba a Néstor Sánchez, que salía un poco de Cortázar o, al menos, escribía parecido. Sí, lo más exacto sería decir que yo empecé a escribir imitando el estilo de Néstor”. Como en el jazz…

viernes, 4 de marzo de 2011

Cómo hacer esculturas con cenizas


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
“Lazos de familia” es una reedición para celebrar. Se trata nada menos que de los primeros cuentos de Clarice Lispector, que ahora la editorial Cuenco de plata presenta en renovado formato.
“Es una escritora que ha llegado con el lenguaje a dimensiones trascendentales”, dice el poeta Hugo Mujica que ya ha amagado con realizar un ensayo sobre su admirada Lispector. Es que la lectura de su prosa y su poesía tienen ese efecto residual que va más allá de lo elegante y de lo exquisito. Sus palabras encienden al que las lee. Y puede ser por el propio postulado que tenía la autora del acto de la escritura: “Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba”.
Lispector nació en Ucrania y, desde muy chica, vivió en Brasil. Sin dudas la combinación de origen y lugar final de residencia deben haber influido en su andar en las letras. Pero es del mundo interior de esta autora de donde surge su maestría narrativa. Sin moldes. Ella misma pregonaba tener un “no-estilo”.
Se podría decir que Lispector une la sabiduría de Marguerite Yourcenar con los personajes de Horacio Quiroga en “Cuentos amor, locura y muerte”. No por nada sus primeros alimentos fueron Eça de Queiroz, Jorge Amado y Dostoievski.
Para acotar la biografía podemos agregar que en 1966 tuvo un accidente al dormirse con un cigarrillo encendido y las secuelas fueron físicas, síquicas y también en su obra. Murió en 1977 a los 56 años en Río de Janeiro, luego de pelear con un cáncer de ovario.
En esta etapa de las relaciones humanas, los cuentos de este libro son una verdadera puerta al intento de comprender dónde fue a parar el corazón. Dónde realmente somos y cuándo realmente somos. Claro que todo sucede con una exquisita brisa de ironía que solamente sabemos que nos empapó muchas horas (días) después de haber leído las historias.
En el caso de “Lazos de familia” se pueden encontrar la esencia de Lispector. Esencia y también búsqueda iniciática de un estilo. Lo que no es poco. El licor que luego dará a beber en otras obras se macerando en este conjunto de narraciones a partir de títulos como "Devaneo y Embriaguez de una muchacha", "La imitación de la Rosa", "Amor", “Feliz cumpleaños”, “Las fotografías”.
En estos entramados que se reúne bajo el irónico lugar común de “lazos familiares”, Lispector que también era artista plástica, se diría que buscar construir esculturas con las cenizas de las sensaciones. Opina Marcela Croce: “mientras en los cuentos de Cortázar los aspectos fantásticos residen por lo general en algún elemento del mundo que circunda al personaje, en los relatos de Lispector lo fantástico es de orden subjetivo, y estaría tentada de decir “psicológico” si no fuera por la convicción –tan borgeana, por lo demás— de que psicológicamente todo resulta posible y todo tiende a ser justificable
Cómo no seguir leyendo un cuento que dice “Ella estaba sentada con su vestido de todos los días. Sabía que había hecho lo posible para no volverse luminosa e inalcanzable…”?

domingo, 20 de febrero de 2011

Otro viaje por la zona Nacho Vegas



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Asturiano y de las tierras de la Semana Negra (Gijón). Y una carrera casi terminada en filología. No son datos menores para saber de Nacho Vegas antes de poner alguna de sus canciones. Supo formar parte del grupo Las esferas invisibles, pero con la lectura que se puede hacer hoy de su carrera en solitario se entiende que allí sobraba. Tuvo que pelear con creer él mismo en su voz. Además de intentar imponer una música muy particular, cinematográfica y por momentos de tránsito difícil. Pero todo eso se compensa cuando uno se puede dejar atravesar por las letras. Todo una película en sí misma cada una de ellas.
El 14 de febrero se lanzó oficialmente su quinto disco: “La zona sucia”. Como producto final se podría decir que es un álbum que viene a tratar de emparejar su carrera después del altibajo de “El manifiesto desastre”. Y que busca arrimarse al asombroso e iniciático “Desaparezca aquí”, imposible de igualar más que nada justamente por iniciático.
Nacho Vegas, evidentemente, sigue buscando su licenciatura en desamor. La mayoría de sus historias son de una certeza descomunal a la hora de reflejar efectos, causas y consecuencias del uso de los sentimientos humanos. Pero más allá de las relaciones de pareja, se caracteriza por un humor ácido, negro y al mismo tiempo vital a la hora de ver al mundo. También, como en otros discos, éste trae esa tan especial manera de crear canciones infantiles que se filtran entre las demás pesadillas que conforman el CD. En esta oportunidad se puede apreciar “Lo que comen las brujas”, en el mismo estilo que sus “hermanas” anteriores como “Brujita” o “Adiós miss carrousel”.
Con todos estos ingredientes: ¿cómo escuchar a Nacho Vegas? ¿Dolido, con bajón o con el espíritu en alto? Erróneamente, en algunos comentarios de sus nuevos seguidores se puede leer “más vale que no te agarre bajoneado”. Son opiniones. En realidad es muy probable que con el espíritu en alto, muchas cosas de Nacho Vegas nos pasen de largo. Quizás una recomendación sería escuchar a Nacho Vegas en “estado real”. El mismo explica así la idea de La zona sucia: “realmente no es un único lado, ni es una zona oscura del todo, es un sitio donde viven multitud de paradojas, de contradicciones, luces y sombras, una canción en sí es una paradoja, necesita de una contradicción”.
En este nuevo disco, para los que lo conocen o para quien lo descubre, éstas son algunas de las historias que hay:
“Cuando te canses de mí”: rasguido característico con el fondo de tormenta típico. Algo va a suceder y no se sabe qué. Un buen comienzo de disco. “yo trato de matar el tiempo/y entre tanto lo que el tiempo/intentará es matarme a mí”.
“La gran broma final”: surgido como corte de difusión. Guitarra y acompañamiento de percusión asturiana, una quebradiza voz para la ironía más pura. “Y ahora ya me empiezo a preguntar/cuál de estos chistes es el mejor:/el del día en que te hablé de amor/sabiendo que daban ´Temporal´/o el día de la gran broma final”.
“Incendios”: en esta zona sucia, una de las canciones que van volando al ras del suelo. Con cadencias de sanadora reflexión. “Releí uno a uno sus libros/buscando pistas en ellos/y en cada una de sus páginas/he acabado encontrándote”.
“Reloj sin manecillas”: Una rareza de tiempo, una canción de dos minutos mientras que el promedio de Nacho Vegas es de seis. “Y por una vez seré una luz y una canción,/y seré la esfera de un reloj que no tiene agujas”.
“Taberneros”: Con coros infantiles, la inocencia y el desastre bien mezclados. “Quisiera que me quisieras/y yo no quisiera quererte/pero en vida no suele ocurrir/lo que uno quiere que ocurra/y tu te fuiste detestándome y yo/hoy te quiero más que nunca”.
“Cosas que no hay que contar”: Otra de las canciones que son una búsqueda al sonido y espíritu de discos como “Desaparezca aquí”. “Es muy triste no saber gran cosa/de la propia vida hasta que ya/es muy tarde y no vale la pena/todo esfuerzo por callar/estas cosas que no hay que contar…”.

lunes, 14 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

Los talismanes de la pitonisa



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar

Poco antes de morir, en 1998, Olga Orozco obtuvo algo parecido al reconocimiento que se merecía en vida: el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”. Si bien quedaron pendientes galardones internacionales que podrían haber puesto a su enorme voz en el lugar correspondiente, el Juan Rulfo fue ajustado a su pampeano origen. A esa ciudad de su génesis llamada Toay, nombre de sonido talismánico que adelantaría el tono que tendría toda su poesía.
Pero los reconocimientos y las justicias poéticas en cuanto a nombres, se sabe que muchas veces llegan post mortem (“Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero”, había adelantado en “Las Muertes”, una serie de elegías en la que ella misma se incluye al final). Y estos reconocimientos muchas veces llegan sin ruido, sin estridencias. Sí con el efectivo silencio de un libro (o varios) que permiten al lector retener a la poeta en su esencia.
El primer caso es la excelente antología “El jardín imposible”, a cargo de la poeta Marisa Negri (Ediciones en Danza). Allí se apunta que “en anotaciones para una autobiografía dice Olga Orozco: ´Con el sol en piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay (La Pampa) y salí sollozando al encuentro de temibles cuadraturas y ansiadas conjunciones que aún ignoraba. En cuanto hablo de mí, se insinúa entre los cortinajes interiores un yo que no me gusta: es algo que se asemeja a un fruto leñoso, del tamaño y la contextura de una nuez. Trato de atraerlo hacia afuera por todos los medios aun aspirándolo desde el porvenir. Y en cuanto mi yo se asoma, le aplicoun golpe seco y preciso para evitar crecimientos invasores, pero también inútiles mutilaciones. Entonces ya puedo ser otra. Este sencillo juego me ha impedido ramificarme en el orgullo y también en la humildad. Lo cultivé en Bahía Blanca, junto a un mar discreto y encerrado, hasta los dieciséis años, y seguí creciendo en Buenos Aires, hasta la actualidad, sin llegar jamás a la verdadera maestría…”. La selección de poemas, que ya ha recorrido el mundo y fue traducida a varios idiomas, está a altura de su antóloga la también excelente poeta Marisa Negri.

También se rescata la voz de Juan Gelman en “La indomable y feroz memoria”: “Me pregunto cuánta sangre viva del alma ha vertido Olga para –son sus palabras– hacer talismanes con ´un indefenso corazón enamorado´, entrar en ´las dos caras de los sueños´, conocer ´ese color de invierno deslumbrante que nace donde mueres´, ganar ´cetros de bestia en la intemperie´, comer ´la almendra del misterio´, tener caras sucesivas como ´un muestrario de nieblas, de terrores´, vestir ´de reina, de bruja, de mendiga´, roer los duros huesos de las desapariciones, cocer ´las sustancias de la separación´, resistir ´las invasiones de la oscuridad´, padecer ´las comuniones del contagio, perfeccionar ´penurias como dichas´, confeccionar ´el lujoso inventario de todo lo imposible´, convivir con una ´vocación de abismo”.´
Más reciente es la edición de “La oscuridad es otro sol” (Losada), que trae como novedad las ilustraciones del poeta Enrique Molina a diferencia de su primera publicación en 1967. La obra es “un campo minado por misterios sin resolver y una sucesión de juegos que llevan al desdoblamiento continuo en una transfiguración que alcanza a los personajes y aún a los seres inanimados: Son ´muebles oscuros (que) miran con hambre desde las cerraduras´ y ´ovillos de lana que significan otra cosa, y que caen, rebotan y se deslizan astutamente silenciosos (…) y los cajones de la cómoda que tratan de respirar todavía por última vez”.

Toda esta puesta en la superficie de la obra de Olga Orozco se coronará cuando antes de que termine el 2011, Adriana Hidalgo saque a la calle su “Obra Completa”.


Estos libros son verdaderos talismanes para la memoria de Olga Orozco. Quizás con el poder de alguno de sus ansiados conjuros para detener el tiempo con el que ha “luchado a veces cuerpo a cuerpo”. Por eso, con estas obras, quizás tenga que seguir oyéndole su áspero susurrar pampeano: “No vacíes la bolsa/no exhibas tus trofeos/No relates de nuevo tus hazañas de vergonzoso gladiador en las desmesuradas galerías del eco”.

jueves, 3 de febrero de 2011

La condesa sangrienta tiene rostro


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
En 1965 Alejandra Pizarnik utiliza la prosa para relatar uno de sus textos más recordados: “La condesa sangrienta”, basada en el registro poético de Valentine Penrose sobre la historia de Erzébet Báthory, acusada del asesinato de 650 muchachas.
Esta versión, que fue publicada en el libro “La extracción de la piedra de la locura y otros poemas”, tiene ahora una flamante edición ilustrada. Es a partir de la editorial El Zorro Rojo que promete la reedición de relatos ilustres e ilustrados.
¿Cómo es conocer el rostro de la condesa sangrienta? Justamente Pizarnik, en esa misma antología, anota en uno de sus memorables poemas titulado “Sólo un nombre”: “Alejandra, Alejandra/debajo estoy yo/Alejandra”. Más de una biografía habla del autodesencanto físico que tenía la poeta. Y, por otro lado, el registro de la condesa Báthory no deja de respirar esa fascinación por el accionar sangriento de su protagonista. No por nada Pizarnik elije la frase de Sartre para iniciarlo: “El criminal no hace la belleza; él mismo es la auténtica belleza”.
El ilustrador es un joven talento, Santiago Caruso. Sus figuras rozan la historieta. No deja de impactar en la visión del lector su mirada sobre el relato. Pero también se hace difícil tratar de encajar las piezas que alguna vez nos puso a girar en la imaginación este texto al que la misma Pizarnik promocionaba como de lo mejor que había escrito.
Es que se torna difícil dejar que otro imagine por nosotros, por ejemplo cuando Pizarnik describe: “El aposento de la condesa, frío y mal alumbrado por una lámpara de aceite de jazmín, olía a sangre así como el subsuelo a cadáver. De haberlo querido, hubiera podido realizar su ´gran obra´ a la luz del día y diezmar muchachas al sol, pero la fascinaban las tinieblas del laberinto que tan bien acordaban a su terrible erotismo de piedra, de nieve y de murallas”.
Apartándonos de lo más importante, que es la creación literaria, diremos que la biografía habla de una condesa que nació el 7 de agosto de 1560 y murió el 21 de agosto de 1614. Fue acusada y condenada por la muerte de más de 630 muchachas y también existe otra versión: que los crímenes fueron un invento para destronarla y destruirla.
De todos modos Erzsébet tiene el récord Guinness como la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad.
Pero, basándonos por ejemplo en el caso del torero Sánchez Mejía, donde podemos decir que es Lorca quien verdaderamente le da vida en su poema, lo mismo sucede con la condesa gracias a Pizarnik. Hay una pequeña biografía con sus dudas o no y hay también el texto “La condesa sangrienta”, donde verdaderamente brilla la anécdota. Pizarnik termina el relato con datos reales. La condesa nunca se arrepintió y más bien mostró incomprensión hacia las acusaciones que le hacían. ¿Porque lo negaba o porque no entendía como crimen su particular erotismo?
Báthory, que ahora entra en la categoría de historieta, ha tenido en estos años muchas películas homenajeando su figura, muchos poster en salas sadomasoquistas y varios grupos heavy metal con su nombre. Pero el relato de Pizarnik, que, hay que decirlo, concluye con un alegato moral, se adelantó en belleza descriptiva. En voluntad autoral por dejar la impronta que tales hechos, consumados o no, merecían en magnitud.

domingo, 30 de enero de 2011

Mentime que me asusta



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Tomar una cerveza con Alberto Laiseca es una extraña clase de literatura. Con el tiempo uno descubre que en ese encuentro se construyeron momentos inolvidables. Sentencias que se maceran y certifican. Por ejemplo, la certeza del autor de “Los Sorias” al asegurar que una de las mejores escenas de terror escritas es unos de los capítulos de Pinocho en su versión original.
Sus cigarrillos negros y la espuma de una cerveza al natural jugando en los bigotes logran que su imagen de oráculo no de decaiga a plena luz del día. Su cambio de humor repentino le asegura el carácter de mito viviente en construcción. Y luego, en acción, a media luz narrando a Poe, la confirmación absoluta del poder que solo ostenta quien mejor cuenta la historia.
Alberto Laiseca hipnotizó alguna vez al público del Circo de Poesía, en la Alizanza Francesa, durante unos cincuenta minutos con “La caída de la casa Usher”. Anécdota mediante: en el momento de mayor tensión, con el dorso de la mano Laiseca volcó el vaso de whiski que lo acompañaba con fidelidad. Silencio, tensión y la salida magistral al decirle al público con la mejor cara de tragedia: “como verán, el más perjudicado con esto soy yo”. Y enseguida, con el vaso recargado al instante, la continuidad del relato como si nada lo hubiese interrumpido.
Esta sagacidad va sumada a una larga pasión entrenada por narrar con un profesionalismo admirable. Todas estas armas ahora Laiseca las presenta aceitadas para el ciclo “Noches de luna y misterio”, en distintos espacios porteños, con relatos de Edgard Allan Poe, H. P. Lovecraft, Horacio Quiroga y otros de su autoría.
Sería interesante asumir la decadencia del género, sobre todo en lo cinematográfico donde ya no alcanzan las ideas lovecraftianas de enterrar a alguien vivo y esperar que esa trama aguante los eternos minutos de un largometraje. Pero con Laiseca es distinto. Si bien la enseñanza puede ser que no podemos huir de los clásicos (Poe, Quiroga), lo que su particular forma de narrar hace es lograr aquello que pedía Fontanarrosa: “tengo un montón de cosas para hacer, pero no me puedo ir hasta que termines de contar la historia”.
Fontanarrosa en el humor y Laiseca en el terror, son ejemplos de cómo una mesa de bar y un vaso de cualquier líquido, son todos los efectos especiales que necesita el que sabe contar.
Para este nuevo ciclo, que pone a Laiseca en acción después de los recordados cuentos por I-Sat,a declarado algunos de sus secretos: "A mí la literatura de terror, que mamé desde niño, me hizo muy bien. Me daba mucho miedo, no podía dormir de noche, pero era el precio que tenía que pagar para crecer”.
Ese monstruo ficcional que impone él mismo como figura, se hace un tierno y consejero abuelo para quien lo quiera escuchar tomando cerveza natural a la luz del día. Sus manos huesudas, que tanto jugo dieron en el film “El artista”, van construyendo en el aire un imaginario castillos de naipes. Como quien muestra un truco pero al mismo tiempo guiña el ojo como diciendo: “te digo cómo se hace, pero al único que le sale es a mí”.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las ideas en el mejor papel



Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Maná Azul está catalogada por sus lectores críticos como “una verdadera revista de cultura”. En estos tiempos intentar y lograr eso no es poca cosa. Está en la calle la edición Nº 5 de la nueva etapa de este emprendimiento. Es una edición especial en la que, además de las secciones habituales, contiene una despedida de 2010 con un dossier titulado “Pensando el bicentenario”.
Enfrentando todos los obstáculos para obtener hoy un producto digno a partir de la literatura, comandan esta revista desde la vecina ciudad de Azul: Adriana Abadie, Carlos Cuccaro, Roberto Glorioso, Silvio Oliva Drys, Ana M. Rodríguez de Baudron y Enrique César Rodríguez.
En la sección poesía hay verdaderos descubrimientos con las obras de Julia Magistratti y Valeria Meiller. Y como aporte al bicentenario, florea la nota “Duelos en los siglos XIX y XX” a cargo de Enrique C. Rodríguez.
Una extensa entrevista a Carlos Gamerro, realizada por Glorioso y Abadie, también nutre este número. El escritor estuvo en Azul para estudiar la influencia de Cervantes y El Quijote en el siglo XVII en Inglaterra, cuando apareció la primera traducción a ese idioma. El resultado es un extenso recorrido por la creación literaria y su especialización académica: literatura inglesa.
La plástica está presente en notas como “El arte abyecto en la Argentina”, “Un surrealista metafísico en la Pampa” (Christian Amezcua) y “Una aproximación a la historia de la porcelana”.
Además de otras secciones y columnistas, la edición se completa con los comentarios de libros de Facundo Gómez Romero y una nota titulada “!Luz!, ¡cámara!, ¡Historia!”, realizada por el profesor Oscar Bustingorry.
Flora Gómez obtuvo una beca de investigación del Fondo Nacional de las Artes con su trabajo “El arte de contenidos abyectos en la Argentina entre 1971 y 2002. Acerca de las condiciones de producción y recepción”. Este texto se transcribe en Maná Azul para mostrar la búsqueda de la autora de “detectar antecedentes de contenidos abyectos en obras de artistas pertenecientes al circuito oficial de las artes visuales argentinas (…) expresiones artísticas que han proliferado en el arte occidental en la última década y ha tenido eco en este país con características propias”.
La edición y diagramación de Maná Azul, como ya tiene acostumbrado a sus lectores, es un verdadero lujo para la región. El sumario, a estas alturas muy numeroso, necesitaría un índice interno para poder ubicar mejor a las notas y sus autores. Las que van inteligentemente mechadas por ilustraciones de Christian Amezcua.
Julia Magistratti y Valeria Meiller son dos jóvenes poetas azuleñas con un muy buen presente literario. Los poemas presentados en esta revista sirven de muy buena señal. Y, aunque hay que descubrirlos, vale como adelanto el final de “La costra”, de Magistratti:
“Todas las tardes eran descalzas./Y a solas con los paraísos/desorientaban las flores,/hasta que aparecía un zapallo/del tamaño de la cara/y era como un hermano/que venía de debajo de la tierra/sin la promesa de la muerte”.

domingo, 23 de enero de 2011

Letras como sábanas de seda


Guillermo Del Zotto
gdelzotto@elpopular.com.ar
Todo comenzó con la vanidad. Un grupo de notables cantautores españoles, desde Serrat a Miguel Ríos, decidieron homenajear a Javier Krahe. Se trata de un doble CD que contiene perlas como “La yeti” (canta Diego Carrasco), “Pijama blanco” (canta Luis Eduardo Aute), “En la costa Suiza” (canta Carmen París)… y continúa una lista que casi llega a las treinta composiciones. Así, el turno de “Sábanas de seda”, quizás la mejor canción que escribió Krahe, recayó en Alejandro Sanz.
En un principio uno podría pensar en Diego Torres haciendo “Penélope”, aunque un recorrido rápido por youtube pone a prueba a este artista que no sólo hizo “Corazón partío” sino que supo meterse en rondas flamencas de lustre y también colaboró con artistas cuya compañía son como manuales. En cuanto a “Sábanas de seda”, el resultado es una versión con el fraseo característico de Sanz y con una baja importante de dramatismo. Ese que la voz grave de su autor da en el nervio justo.
Javier Krahe, que comenzó a cantar pasando los treinta, se merecía este homenaje a sus sesenta. Y para tener una apreciación mejor de este creador inigualable, es imprescindible ver el DVD que viene junto con este trabajo discográfico con el título “Esta no es la vida privada de Javier Krahe”. Un documental que incluye canciones en vivo y que refleja en primera persona las convicciones de un artista con un molde propio e irrompible.
En estas canciones de homenaje, era “cantado” que la exuberante historia de “Don Andrés octogenario” la cantase Joaquín Sabina. Primero, porque lo que le ocurre a don Andrés antes de morir necesitaba ser narrado con la desfachatez propia de él, que además le cambió intencionalmente la edad: sexagenario. Y, más aún, lo bautizó “don Javier”. Recordemos que Sabina es el admirador número uno, su hija es ahijada de Krahe y nunca considerará una canción suya mejor que la de su maestro.
No hay que dejar pasar que en este CD hay sobresaltos interesantes como, justamente, “Sobresaltos de plata” por el propio Diego el Cigala y también “Abajo el alzheimer” por el mismísimo Enrique Morente.
Este trabajo, que no es un lanzamiento reciente y que quien lo quiera deberá navegar para conseguirlo, es un compendio de historias alucinante. Con variaciones de voces, de interpretaciones y con la línea constante de esa pluma que hace sobrevivir la poesía española. La de los siglos de gloria, la de la copla, la de Serrat y para acá.
Es, en definitiva, una forma de conocer el universo Krahe. Que lleva las emociones de quien escucha de la carcajada al romanticismo sin escalas. Que dibuja metáforas imposibles en la cuerda floja de los desabridos discursos actuales. Y que no deja de hablar del amor, como toda canción que se precie. Envuelta en “Sábanas de seda”:
“Tú que has tenido la rara fortuna/de conocer/el corazón a la luz de la luna/de mi mujer/Tu que supiste cojerle el tranquillo/a sus abrazos/más de una vez te adivino en el brillo/de sus ojazos./Cuando en la noche una sábana enreda/y es tu fantasma/aunque el ensueño se vista/de seda/no me entusiasma”.